Date un capricho

Un camino a la felicidad: flow

por Raúl Ballesta Barrera

- “Una última pregunta Billy, puedes explicarnos, ¿Qué sentimientos experimentas cuando bailas?”
- …”No sé!…Me siento muy bien…Al principio estoy harto…pero cuando empiezo a…moverme, lo olvido todo…y…es como si desapareciera…como si desapareciera… y…todo mi cuerpo cambiara, como si…tuviera fuego dentro…y me veo volando… como un pájaro. Siento como electricidad…sí!…, como electricidad.”

del film Billy Elliot, 2000


Hace mas de 2300 años, Aristóteles llegó a la conclusión de que lo que buscan los hombres y las mujeres mas que cualquier otra cosa es la felicidad. Cualquier meta (salud, belleza, dinero, amor) la valoramos únicamente porque esperamos que nos haga felices. Y aunque muchas cosas han cambiado desde los tiempos de Aristóteles y aunque cualquier persona del mundo civilizado, tiene acceso a muchísimos más lujos materiales que cualquier emperador romano, no hemos avanzado mucho en cuanto a ser felices y muchas personas a menudo acaban sintiendo que han malgastado su vida entre años de aburrimiento y ansiedad.
¿Esto es así porque el destino de la humanidad es permanecer siempre insatisfecha? ¿O es qué cada persona desea más de lo que puede obtener?

La psicología moderna ha dado un cambio en los últimos tiempos en cuanto a temas de investigación, interesándose mas por los procesos mentales implicados en la felicidad y no tanto en aquellos procesos implicados en los trastornos y enfermedades mentales. Es cierto que en este último aspecto la psicología ha avanzado mucho, a lo largo del siglo XX especialmente, pero no ha sido hasta finales del s.XX con el surgimiento de la psicología positiva que muchos investigadores han aplicado sus esfuerzos en investigar sobre los aspectos implicados en aquello que denominamos “FELICIDAD”.

Es en este contexto donde aparece una figura relevante: Mihaly Csikszentmihalyi. Este autor lleva dedicados más de 25 años de su vida a investigar sobre un fenómeno que descubrió al investigar sobre la felicidad. Aunque este “descubrimiento” existe desde el alba de la humanidad, sin embargo, no había sido descrito o explicado teóricamente por rama académica alguna. Este autor descubrió algo tan sencillo como que “la felicidad no es algo que sucede. No es el resultado de la buena suerte o del azar. No es algo que pueda comprarse con dinero o con poder. Es algo que no depende directamente de los acontecimientos externos, sino de cómo los interpretamos. La felicidad es una condición vital que cada persona debe preparar, cultivar y defender individualmente. Las personas que saben controlar su experiencia interna son capaces de determinar la calidad de sus vidas, eso es lo más cerca que podemos estar de ser felices”.

De todas formas, no se puede alcanzar la felicidad buscándola conscientemente. “Pregúntese a sí mismo si es feliz – decía J.S. Mill – y dejará de serlo”. La felicidad es una meta escurridiza que no puede alcanzarse de manera directa, pero existe un modo de alcanzarla. Es un camino difícil y tortuoso que requiere práctica y dedicación y que empieza tomando el control sobre los contenidos de nuestra conciencia.

Todos hemos vivido alguna situación en las que hemos sentido que teníamos el control de nuestras acciones, que éramos los dueños de nuestro propio destino. En las pocas ocasiones que esto sucede sentimos una especie de regocijo, un profundo sentimiento de alegría que habíamos deseado durante mucho tiempo y que nos complace profundamente. Esto es lo que los psicólogos denominamos como experiencia óptima. Es lo que el pintor siente cuando pierde la conciencia de si mismo, absorto en el cuadro, mientras las horas se trasforman en minutos y los minutos en segundos. Cuando siente que la pintura forma parte de si mismo y una cosa viva se dibuja frente al asombrado creador. Tales acontecimientos no suceden únicamente cuando las condiciones externas son favorables, también se da en personas que han sobrevivido a campos de concentración y cuentan como experimentaron momentos únicos como consecuencia de escuchar algo tan simple como la canción de un pájaro en el bosque o compartir un trozo de pan con un amigo. Estos momentos, los mejores de nuestra vida, contrariamente a la creencia popular, no son momentos pasivos, receptivos o relajados (aunque tales experiencias también pueden ser placenteras si hemos trabajado duro para conseguirlas). Las experiencias óptimas suelen suceder cuando el cuerpo o la mente de una persona han llegado hasta su límite en un esfuerzo voluntario para conseguir algo que valiera la pena. Una experiencia óptima es algo que hacemos que suceda. Para un nadador puede ser batir su propio record, para un violinista dominar un pasaje complicado, para un niño poner con dedos temblorosos la última pieza de la torre mas alta que ha construido. Existen miles de oportunidades para cada uno de nosotros para conseguir experiencias óptimas. Conseguir esta experiencia implica tener la percepción de control y esto nunca es fácil, incluso puede ser hasta doloroso. Los músculos del nadador pueden haberle dolido como nunca en su carrera más memorable o haber tenido la sensación de que los pulmones estaban a punto de estallarle, y sin embargo haber sido los mejores momentos de su vida.

Csikszentmihalyi en sus estudios intentó comprender como se sentían las personas cuando mas disfrutaban de si mismas y porqué. Estudió a cientos de expertos (artistas, atletas, músicos, ajedrecistas y cirujanos), gente que parecía dedicar la mayor parte de su tiempo a hacer aquello que prefería. De la información extraída en las entrevistas elaboró una teoría de la experiencia óptima basada en el concepto de Flow, el estado en el cual las personas se hallan tan involucradas en la actividad que nada más parece importarles; la experiencia, por sí misma, es tan placentera que las personas la realizarán incluso aunque tenga un gran coste, por el puro motivo de hacerla.

Para terminar os dejo con una cita de un nadador de élite que define perfectamente el fenómeno de Flow.

“Las veces que he estado más satisfecho con mi actividad, he experimentado una sensación de unidad con el agua y con mi estilo, y también con todo el resto de elementos a mi alrededor… Estaba verdaderamente en sintonía con lo que hacía. Sabía exactamente cómo iba a efectuar la prueba y simplemente sabía que lo tenía todo bajo control; y cuando empecé y me fijé con atención en todo lo que hacía el resto de la gente…Estaba totalmente absorto en mi estilo, y sabía que los estaba superando pero no me importaba. Quiero decir, no es que no me importase; yo me decía “¡Vaya está yendo fenomenal!” y simplemente nadé y gané, y tenía toda la situación bajo control.

M. Spitz

Para saber más:

Csikszentmihalyi, M. (2003). Fluir (flow). Una Psicología de la Felicidad. (Novena edición). Barcelona: Editorial Cairos. Original: Flor. The Psychology of Optimal Experience. New Cork: Harper Row,1990.


Un comentario.

  1. estoy de acuerdo que la felicidad solo se da en momentos únicos y esta se encuentra relacionada, con con los estado emocionales y la forma como ellos trascienden nuestra vida,para que el ser humano pueda ser feliz tiene que aprender a conocer sus mejores estados y saber disfrutarlos y potenciarlos

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