por Nuria Isabel Molina Caro
Llamadme rara pero estoy totalmente enganchada a una colección de DVD que se compró mi hermano llamada “España, historia inmediata” (también podríais pensar que él es un poco raro, sí).
No acababa de entender como podía interesarme tanto la historia “reciente” de España (los reportajes son de 1983) cuando en el colegio se me caía la mandíbula de tanto bostezar delante de las explicaciones que el profesor nos impartía.
Fue entonces cuando una de mis abuelas, a raíz de una canción, empezó a explicarme por enésima vez la historia de cómo perdió a su hermano mayor cuando era pequeña, en manos de los nacionales. Hasta entonces, todas las historias explicadas por mis abuelas y abuelos me habían parecido cuentos, curiosidades que no sabía situar en mi imaginario y que, por ello, ni me afectaban ni me dejaban de afectar, simplemente me parecían curiosas y las escuchaba por educación. Pero a aquel pequeño cuento ya le podía poner las imágenes que había visto en algún capítulo de la serie documental, y aquellas imágenes eran de personas reales. Aquel cuento me hizo ver una nueva perspectiva sobre todas las abuelas y abuelos que he tenido hasta ahora.
A todo esto, debería aclarar que cuando tenía cuatro años, mi madre inauguró un centro geriátrico que se convirtió en mi centro de juegos preferido y en el que gané más de las dos abuelas y abuelos que había perdido: desde entonces hasta ahora he tenido siempre 24 abuelas y 5 abuelos!
Un abuelo siempre acostumbra a ser una persona de gran influencia para la persona que lo tiene (los nietos y nietas), pues imaginen la gran fortuna que he tenido!
Una de las cosas de las que me di cuenta hace unos años, estudiando psicología (una primera revelación para mi) es que la gente acostumbra a agrupar toda la gente mayor en el mismo saco, con unas características comunes y estereotipadas que yo no entendía.
Pude ver que el hecho de haber vivido prácticamente toda mi vida envuelta de personas mayores de 65 años me había proporcionado una visión muy amplia de este grupo de edad al que se le llama “tercera edad”. Me costaba mucho comparar una de mis abuelas con cualquier otra dado que a menudo tienen caracteres diferentes, y también opiniones sobre la vida opuestas.
La gente, en general, acostumbra a ver a los abuelos y abuelas como personas tradicionales, sabias, “recatadas” y (sobretodo hace unos 10 años) como personas desmemoriadas que no pueden valerse por ellas mismas y de “poca utilidad”, pero esto no se asemeja a la realidad, como mínimo en mi realidad:
- He tenido abuelas que me decían que debía casarme porque era importante formar una familia para poder ser una persona completa.
- He tenido abuelas que me han dicho que disfrute de mi soltería y que no piense en tener hijos, que te quitan mucho tiempo y que, si ellas hubieran podido, habrían seguido solteras;
- He tenido abuelos que eran incapaces de hablarme de su etapa en el Frente
- Y he tenido abuelos que reían mientras me decían como habían perdido un dedo por congelación y como charlaban con el enemigo
- …
Sin duda, mis estudios y estos documentales me han abierto los ojos para poder ver la suerte que tengo con tanto conocimiento a mi alcance. Su presencia en mi vida me ha formado a mi y todavia lo hace. Dicen que tengo mucha paciencia y creo que la he ganado a base de escuchar cada cinco minutos a la misma persona preguntando “¿qué hora es?” o “¿cómo te llamas?”; dicen que soy tolerante con la gente que opina de diferente manera que yo, cosa que también he trabajado con largas discusiones sobre “cómo llevo pantalones si soy mujer” o si “ese niño que lleva un pendiente es mariquita”. Sé gran cantidad de canciones antiguas y refranes en desuso que me hacen sentir especial respecto a otros amigos y amigas que desconocen la riqueza cultural popular que dejan detrás.
No solo he aprendido de mis abuelas y abuelos, sino que también de toda su familia, la real, que son el auténtico reflejo de cómo ha sido la vida de sus progenitores. He sido testigo de cómo familiares se desvivían por poder pasar más tiempo con sus padres o madres, y de otros que desentendían completamente. Y es que ellos saben como ha sido esta persona durante la etapa adulta y como su carácter se ha mantenido o variado. No se trata de gente mayor, sino de personas con mucha vida a sus espaldas.
Todo esto es lo que más hecho de menos en la gente en general, la concienciación de no poder hablar de este colectivo como gente que ya no sirve, que son los abuelitos. He escuchado tantas veces comentar “es que son como niños!”. Y me enfado tanto cuando una madre alza a su hija a la barandilla del patio y dice “¿quieres ver a los abuelitos?”.
No son personas inconscientes. No toda las personas mayores sufren de memoria! El Alzheimer y la demencia son enfermedades que no sufren todos los ancianos.
Se deben respetar a las personas mayores, entender que no pueden hacer ciertas cosas, pero no por ello tratarlos de inútiles. De la misma manera que mis abuelos y abuelas me han enseñado mucho, también han querido aprender de aquello que se yo: se interean por la política, por los cambios de roles sociales, por como funciona un ordenador y las videoconsolas, …
Pero como he dicho, no se puede agrupar a este colectivo como entes iguales. De la misma manera que he tenido abuelos que me han pedido que les enseñara el funcionamiento de Internet, otros, delante de cualquier esfuerzo, me han dicho que son muy mayores para meterse “con estas cosas modernas”.
Y esto pasa en la tercera edad. Y en la primera, y en la segunda.


