por Marta Ocaña Mariné
Ando leyendo El Narcisismo, de Alexander Lowen, un libro interesantísimo que me ha hecho reflexionar, entre muchos otros aspectos, sobre la lucha a la que nos libramos diariamente para conseguir el éxito profesional o todos aquellos logros que pensamos contribuirán a reforzar la imagen que pretendemos proyectar. Mientras, muchas veces se nos pasa por alto ocuparnos de nuestro yo más profundo. Quería compartir este párrafo del libro con todos vosotros, así como animaros a comentarlo.
Dice Lowen:
Es importante no dejarse atrapar en el narcisismo de la sociedad, que identifica la realización personal con el éxito en el mundo profesional. En este último caso, el ego obtiene satisfacción, pero así no se llenan las necesidades del cuerpo, y sólo se pueden satisfacer en el plano corporal. Se trata de respirar plena y profundamente, de comer con franco apetito, de dormir cuando uno está cansado y de hacer el amor con deseo apasionado. ¿Qué tiene de bueno el éxito y la fama si uno está enfermo y se siente desgraciado? Una vez tuve un paciente que era un escritor de éxito. Estaba tan deprimido, que cuando se levantaba por la mañana su único deseo era morir. Uno está más satisfecho cuando se siente más vivo, cuando vibra de vitalidad. La satisfacción está en el uso pleno de todas nuestras facultades. Es narcisista pensar que usar la mente es lo único que puede satisfacernos. No disfrutar de utilizar las piernas para andar, los brazos para abrazar, los ojos para ver, los labios para besar, es privación, no satisfacción. [...]
Lowen, A. (2000). El Narcisismo. La enfermedad de nuestro tiempo. Barcelona: Paidós.



Marta gracias por escribir estas estimulantes reflexiones. Me gustaría añadir (o enlazar!) que en muchas culturas antiguas muestran la necesidad de buscar el equilibrio, el centro, … para estar con harmonía con uno mismo y con el mundo (un binomio, a veces, difícil) para poder desarrollar, con éxito, cualquier actividad humana (ciencia, arte, o sencillamente vivir). Unos ejemplos para reflexionar en los viajes o en las visitas en los museos: los misteriosos “stone cercles” (uno de los más conocidos el de Stonehenge). El Mandala, otro ejemplo muy presente a lo largo de las historia y en muchas culturas. Quizá la cultura oriental, por el gran desarrollo en este ritual, ha dejado numerosos y bellísimos dibujos con estructuras tipo mandala. El triangulo (isostático) egipcio, que revolucionó la técnica, otro ejemplo. O los archiconocidos laberintos (el de Teseo, el de Minotauro, etc): la búsqueda sin fin de dicho centro.
Añado un párrafo, muy sugerente, de la relación con el mundo:
“[...] una respuesta estética al mundo. Esta respuesta vinculada de inmediato el alma individual al alma del mundo; yo soy animado por su anima, como un animal. Vuelvo a entrar en el cosmos platónico, que reconoce que el alma del individuo no puede sobrepasar nunca al alma del mundo porque ambas son inseparables, y una implica siempre a la otra. Cualquier alteración de la psique humana produce un cambio en la psique del mundo. “
(HILLMAN. El Pensamiento del corazón. Anima Mundi: el retorno del alma al mundo)
Posted by jan on octubre 23rd, 2009.
Jo també vull agraïr-te que ens facis reflexionar sobre coses en les que tots estem d’acord i oblidem tan sovint.
Posted by Erblons on noviembre 13th, 2009.