por Marta Ocaña Mariné
Nadie duda de la importancia del factor psicológico en la competición. Todo deportista en algún momento ha dejado de confiar en si mismo, le ha podido la presión delante de un tiro libre decisivo o se ha asustado al ver el listón un solo centímetro por encima de su marca. De igual manera, también se ha crecido y ha alcanzado rendimientos inesperados, o ha vivido momentos de concentración absoluta en que todo salía como una seda. Pues bien, la Psicología del Deporte estudia todas estas experiencias e intenta favorecer el rendimiento de los deportistas y sobretodo su bienestar.
Los deportistas suelen acudir al psicólogo del deporte cuando tienen problemas que les impiden rendir o disfrutar del deporte, por ejemplo sienten mucha ansiedad en las competiciones o ven diferencias claras entre su rendimiento en entrenamiento y competición, también piden ayuda para afrontar lesiones o cuando llega su retirada del deporte. Además, cada vez más deportistas, equipos y entrenadores confían en la preparación psicológica como un complemento del entrenamiento físico, anticipándose a la aparición de problemas y favoreciendo el rendimiento. En este caso estamos hablando del entrenamiento psicológico. Un aspecto clave del entrenamiento psicológico es la planificación y la determinación de unos objetivos realistas para cada deportista, la preparación de las competiciones teniendo en cuenta los puntos fuertes y débiles. Muchas veces será necesario aprender estrategias de relajación o de activación, favorecer la concentración, reforzar la autoconfianza y siempre dar un vistazo a los hábitos de alimentación y descanso, teniendo en cuenta el bienestar del deportista como principal objetivo.
La Psicología del Deporte no hace milagros, evidentemente la preparación física es la base, pero es un complemento que puede ser muy útil para llegar a rendir al cien por cien y lo que es más importante, disfrutar del deporte.


