por Luis Salar Vidal
La mayoría de los conflictos de nuestro mundo interno tienen un reflejo en la manera en cómo nos alimentamos. Podemos intentar compensar con la comida, bien por exceso o por restricción, un vacío insoportable, más vinculado a necesidades psíquicas que biológicas. Cuando comienzan los problemas con la comida, conviene reflexionar sobre qué estado de ánimo provoca el hambre o la inapetencia; qué deseos, ambiciones, decepciones o fantasías se esconden tras estos actos que nos llevan a engullir o rechazar el alimento. Una mala relación con la comida puede ser la expresión de un conflicto interno. Será una pérdida de tiempo y de energía controlar obsesivamente nuestra dieta cuando el peso del cae en el terreno emocional.
Las dificultades con la alimentación son una manera de expresar sentimientos que no pueden ser dichos, emociones difíciles de reconocer y afectos que desde nuestro inconsciente intentan manifestarse. Es importante abordar psicológicamente este uso insano de la comida. Cuando el paciente comienza a reconocer esta relación comida-emoción, se inicia el cambio. Durante la terapia, se aborda el aspecto más oculto del síntoma para dejar de “maltratar” la salud del paciente y responsabilizarle de lo que siente y piensa. Muchas personas se obsesionan por su peso o por la comida que ingieren resistiéndose a reconocer el vacío, una vez identificado, la evolución es mucho más favorable.
A través de la alimentación, el paciente puede estar expresando sentimientos como el amor, el abandono, la culpa, la rabia, la tristeza, las inseguridades… y a través de esta relación con la comida, la persona hace una queja física/visual de algo que detecta dentro de ella que no funciona con serenidad. Gracias a esta queja (el síntoma) el paciente acude al médico, sin saber que la herida que ha abierto este síntoma está dentro de él y no en el exterior. Si no se trabaja en profundidad, tarde o temprano, por nuevas situaciones emocionalmente dolorosas o circunstancias que provoquen algún movimiento interno, la persona volverá a obsesionarse con su peso, su imagen o la comida en sí. De esta manera, se entra en un círculo vicioso que impide a quien entra en él cambiar lo que es necesario.
Tomarnos un tiempo para pensar qué nos pasa y poder ponerle palabras puede ayudarnos a contener esta ansiedad por comer. Cuando nuestro espíritu es silenciado, nuestro cuerpo habla. Por ejemplo, el cuerpo de nuestra prima de quince años puede hablarnos de las dificultades que está teniendo en el instituto; el cuerpo de nuestra madre nos explica lo cansada que se encuentra, lo monótona que es su vida y el abandono que siente como mujer; el cuerpo de nuestra hermana puede hablar sobre la mala relación de pareja que está viviendo,… Nuestro propio cuerpo puede reflejar la falta de cuidado personal al que nos sometemos por vivir en una sociedad que prioriza el trabajo, la competitividad, las atenciones a los demás y tener toda nuestra vida en perfecto orden y bajo control a otros aspectos más íntimos.
Los cuerpos son inteligentes y captan rápidamente donde están nuestros límites. Es la persona quien no puede, o no quiere, reconocerlos. Es entonces cuando nuestro cuerpo enciende la luz de alerta. En ocasiones, funcionamos como máquinas y parece que hayamos olvidado que, a pesar de todo, somos humanos. Una parte de nosotros nos asegura que haremos bien las cosas “porque es lo que hay que hacer”; que vamos a caer bien a los demás “porque somos políticamente correctos” y eso nos proporciona esa seguridad de la que podemos carecer. Grave error. Es necesario dejar de funcionar con estos estereotipos y buscar la esencia personal que cada uno de nosotros guarda en su interior. Esta autenticidad es la que nos hará despertar la “sana seguridad” y nos liberará de la esclavitud de “ser perfectos” sin serlo.
Para que la persona se sienta bien debe encontrar un equilibrio entre su parte racional, su parte emocional y su parte física. Si anulamos o descuidamos una de estas partes, las demás emitirán la queja. Es un trabajo difícil pero reconfortante y valiente; es un paso vital hacia la propia felicidad y el autoconocimiento sincero y es una forma de vivir que nos permite relacionarnos con nosotros mismos sin dañarnos.
¿Nos liberamos de los pensamientos negativos que destruyen nuestra autoestima? ¿Estamos libres de las relaciones de dependencia? ¿Nos liberamos de esa angustia que no nos deja salir de casa? ¿Nos liberamos del malestar y optamos por encaminar nuestra responsabilidad de ser hacia la salud? Os invito a que sea así.



Damos la bienvenida a Luís Salar como nuevo colaborador de Actualpsico. Gracias a todos este proyecto es cada día más provechoso.
Posted by ActualPsico on marzo 10th, 2010.