Yo amo a aquel que desea lo imposible (Goethe)

La asertividad y los miedos sociales

por Cristina García Gilabert

En el anterior artículo introducíamos el concepto de asertividad como defensa de los propios derechos y la expresión de pensamien­tos, sentimientos y creencias de una manera apropiada y sin violar los derechos de los demás. Tal y como pudísteis ver en el consejo de esta semana, existen muchos derechos que posiblemente no tengamos en cuenta a la hora de relacionarnos por diferentes motivos. Una de las causas más importantes son los miedos y las creencias erróneas sobre expresar nuestra opinión o sobre las consecuencias de ello; aspectos que se tiene que diferenciar de la idea de no tener la habilidad.  Una parte es saber hacerlo pero estar bloqueado por algun motivo y, la otra, es simplemente no saber cómo hacerlo correctamente.

Centrándonos en los miedos, ¿cuántos tenemos a la hora de hablar? Posiblemente, ideas como, “Si soy un amigo de verdad, tengo que decir que ‘sí’”; “Si digo que ‘no’, no querrá saber nada más conmigo.”; “Si pido cambios, los demás no querrán ser mis amigos.”; “Mis opiniones no valen tanto como las de los otros.”; “Si estoy equivocado, pensarán que soy tonto.”,… Nos han rondado alguna vez por la cabeza. Entre las situaciones que más nos cuestan a todos están las de:

-         Decir que “no” a una petición

-         Llevar la contraria a alguien

-         Mostrar desacuerdo

-         Pedir que alguien cambie cuando su conducta nos molesta

Pero, de los miedos que antes hemos dicho, ¿Cuántos son verdad? Debemos pensar en ellos fríamente y valorarlos. Por un momento, coge ese miedo que normalmente hace de freno y analízalo. Por ejemplo: “si digo que no, no querrán ser mis amigos”. Preguntémonos: ¿Qué me están pidiendo? ¿Es demasiado para mí? ¿Puedo justificar por qué he dicho que no? ¿Es comprensible mi postura? ¿Dejaran de ser mis amigos por eso?… Cada pensamiento, se puede valorar objetivamente y descubrir qué parte de verdad hay y qué parte de mentira. Es verdad que, en ocasiones, puede crear un conflicto real, pero objetivamente, ¿será tan grave como el que estamos considerando?

De igual manera, algunas pautas o aspectos que pueden ayudar en esas situaciones para poder actuar de manera asertiva son los siguientes:

  1. Mostrarse claro y amable. No hace falta ser cortante o arrogante, simplemente comentar nuestra opinión sin necesidad de dar rodeos.
  2. Ser específico, diciendo claramente lo que se piensa sin etiquetar o culpar a la otra persona (sin olvidar, que cada uno tiene el derecho a tener sus opiniones)
  3. Hablar en primera persona implícita o explícitamente
  4. Utilizar las preguntas “¿no crees que…?”, “¿ha pen­sado usted que…?”. Esto puede ayudar a hacer la conversación más relajada y dinámica, reduciendo la posible tensión.
  5. Dar razones o motivos

Siguiendo con el ejemplo de decir que no a una petición, vamos a plantear las 3 maneras de responder. Imaginemos que un amigo os pide que le hagáis un recado ya que él no tiene tiempo. Tú, aunque estas algo más libre, realizar ese recado significa dejar de hacer alguna de tus propias tareas y eres consciente que él podría arreglárselo para ir en otro momento.

Para acabar, tener en cuenta que para poder ser asertivo, primero hemos de saber que TENEMOS ese derecho y que PODEMOS hacer algo con él. Una vez seamos conscientes de la libertad que nos proporciona, podemos valorar nuestros miedos o pensamientos negativos para poder enfrentarnos a las situaciones, consiguiendo nuestro objetivo con el mejor resultado posible para nosotros mismo.


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