Por Eva Pastor González
En el anterior artículo sobre la aceptación como estrategia para afrontar el dolor introducíamos unas breves pinceladas acerca de esta herramienta. Vamos a centrarnos ahora en ampliar su aplicación para el dolor físico y veremos brevemente cómo podemos aplicarla ante el dolor psíquico, es decir, ante las adversidades de la vida.
Como veíamos en el artículo previo, todas las enfermedades que comparten un dolor físico crónico presentan un abanico muy amplio de factores que lo mantienen. De entre los factores que impiden aliviar ese dolor sobresale con predominancia la ACTITUD hacia el mismo, hacia la enfermedad en sí e incluso hacia nuestra vida. Dicha actitud, que suele venir mediada por los mensajes del entorno de que debemos “estar bien”, se caracteriza por focalizarnos en el mismo dolor y resistirnos a él. No obstante, es sufrimiento lo que nos provoca el cumplir con el objetivo de estar bien, y es la señal que hemos de identificar para saber que seguramente no estamos haciendo lo correcto. Intentar cumplir con el objetivo de “estar bien” nos lleva a no aceptar la situación/enfermedad y nos provoca más sufrimiento. Veamos un ejemplo en forma de analogía. Cuando aprendemos a nadar, debido al miedo a ahogarnos, chapoteamos agitadamente, nos movemos, respiramos entrecortadamente. Estamos combatiendo contra el medio, o sea el agua. Si en lugar de eso nos dejamos ir o seguimos la corriente o balanceo del agua, veremos como flotaremos de inmediato, no nos hundiremos. Sólo de esta manera podremos avanzar en el agua. Lo mismo ocurre con la actitud ante el dolor, si es de resistencia o de negación de nuestros pensamientos, emociones, sensaciones o recuerdos que vienen acompañados de malestar, sólo haremos que nuestra vida esté más centrada en el mismo dolor.
Esta es una de las premisas básicas de la técnica de aceptación, y ser consciente de ello es vital para empezar a cambiar nuestra actitud. Veamos detenidamente cómo aplicar una actitud de aceptación:
- En primer lugar, analicemos la solución que tan habitualmente utilizamos: luchar o controlar el dolor. Seguramente nos provoca un alivio momentáneo pero se genera un efecto boomerang: el malestar vuelve. Lo importante es tener presente que lo erróneo no somos nosotros ni el dolor, sino la estrategia que utilizamos para solucionarlo.
- En segundo lugar, ¿nos hemos parado a pensar cuánto hace que no escuchamos nuestro cuerpo, nuestro interior? Dado que todas nuestras fuerzas están dirigidas a eliminar el dolor, nos olvidamos de nosotros, y nuestra vida se deteriora y se restringe. Pero, ¿hemos pensado qué queremos de ella, qué nos motiva? Todo se resume en conocer nuestros valores y objetivos. Una forma de hacerlo es escuchar más nuestro cuerpo y nuestra mente.
- En tercer lugar, como decíamos en el capítulo anterior, aceptar implica NO negar los aspectos negativos de nuestro interior –pensamientos, emociones, recuerdos – no controlarlos. ¿Cómo podemos conseguirlo? Distanciándonos de ellos. Veamos otra analogía para resumirlo mejor. Imaginemos una casa, con su estructura interna. Ese edificio, a pesar de tener unos años, es el mismo de siempre, se mantiene casi intacto. Fijémonos ahora en su interior, en sus muebles, decoración, distribución. ¿Son los mismos tras los años? No. Han ido cambiando, según sus propietarios, según los gustos, modas… Si pensamos en nosotros como la estructura de la casa y en nuestros pensamientos, emociones y recuerdos como en los muebles, veremos que nosotros somos iguales tras el tiempo –como la casa – nuestra identidad se mantiene. Pero nuestros pen¬samientos, emociones o recuerdos van cambiando. Esta es la visión a tomar, no hemos de juzgar ni negar ni hacer como si no existieran nuestros pensamientos y emociones negativas. Hemos de observarlos con distancia, diferenciando nuestra identidad, y forma de ser, de ellos.
- En último lugar, ACTUAR A PESAR DEL DOLOR. Aceptar y PERMITIRSE estar mal también, dirigién¬donos hacia nuestros objetivos. Actuar adaptando el dolor a nuestra vida progresivamente.
Todo lo anterior podemos aplicarlo ante cualquier problemática de nuestra vida, no sólo al dolor físico. Afrontando y aceptando es el primer paso para resolver. Muy a menudo, ante un problema en nuestro camino, le damos la espalda, fingimos no verlo, lo evitamos, huimos de él, lo apartamos de nuestra vista, etc. Lo mismo ocurre con negar sentimientos negativos, hechos o conflictos, tanto pasados como actuales. Puede ser que no los tengamos presentes pero están ahí, en nuestro interior. Para empezar a cambiar eso lo primero es ponernos de cara, afrontarlos y mirarlos. Saber ante qué hemos de enfrentarnos nos ayuda a saber cómo manejarlo, pero es importante hacerlo de manera objetiva, como si fuésemos observadores externos. Una vez hecho esto, la aceptación entra en juego. Como vemos, es una estrategia que podemos poner en práctica tanto ante un estado de ansiedad como ante un conflicto con alguien.
En suma, aplicando la ACEPTACIÓN, allanamos nuestro camino hacia un mayor crecimiento personal, porque implica aprender a dirigir nuestra actividad a conseguir los objetivos vitales, aceptando el malestar o dolor que conlleven esos caminos. Implica más crecimiento personal porque aprendemos a no pararnos ante cada piedra u obstáculo en el camino, porque significa no negar las propias emociones o pensamientos negativos, los cuales, al fin y al cabo, nos están dando una señal de que algo no va bien y hemos de solucionar. El crecimiento personal conlleva entre otros aspectos, aceptar cada matiz de nosotros sin juzgarlo, sin que nos detenga en nuestro camino.
Podríamos resumir la esencia básica de la perspectiva de la aceptación de la siguiente manera: “aprender a caer y levantarse”, porque a pesar de caer, decidimos seguir y actuar hacia lo que nos es valioso en nuestra vida, con el dolor o emociones negativas que aparezcan.



Me parece un artículo muy interesante y además muy agradable de leer. Gracias.
Posted by Olga on mayo 3rd, 2010.
Lo que nos dice de aceptar el dolor es clave, por que yo que llevo una vida de dolor algo asi como neuralgia del trigemino e tratado de combatrir y es como luchar contra la corriente y te estresas te frustras mas…! asi que tengo que aseptar el dolor que tengo y convivir con eso y luchar a seguir tratandome en el hospital.
Posted by rolyss on diciembre 17th, 2010.
Estoy muy agradecida por el tema de aceptación del dolor físico y psíquico.Me ayuda a tomar conciencia de mi sufrimiento y no negarlo como hasta hoy.De mí va a depender salir de mi estado de ansiedad y la onicofagia que padezco desde mi niñez.Actualmente tengo 52 años y quiero romper cadenas ya que mi hija y su niña también la sufren.Tengo mucha fe y esperanza. GRACIAS
Posted by Aracelly,1 de enero 2011 on enero 2nd, 2011.