Por Eva Pastor González
En el artículo previo planteábamos una aproximación general sobre los métodos que solemos utilizar para afrontar la vida y las adversidades que la acompañan. Veíamos que una misma situación podemos afrontarla de distinta manera según cómo seamos o en qué nos fijemos y, lo más importante, descubríamos que podemos actuar de una forma más racional o bién más emocional, dando consigo unas consecuencias disp
ares en cada caso.
Lo cierto es que ante la mayoría de contrariedades nuestras reacciones suelen ser automáticas, sin apenas darnos cuenta e incluso sin tener consciencia de control; no obstante, ¿podemos cambiar una tendencia de afrontamiento negativa hacia una más positiva?, ¿es posible encarar mejor las adversidades?, ¿cómo saber si nuestra manera de reaccionar es adecuada?En este artículo nos centraremos en una cuestión vital, identificar si estamos afrontando correctamente los problemas, ya sean diarios, puntuales, simples o más graves, y marcaremos algunos breves trazos para ayudarnos a entrenar un estilo más positivo o activo, ya que la forma de reaccionar ante la vida puede evitar el que nos afecte más o menos y de esta manera, vivir con mayor bienestar.
En primer lugar, hay que destacar que es evidente que atender o fijarnos en nuestra “secuencia” de reaccionar ante un problema o situación es básico para saber si será exitosa o no. Si tendemos a agitarnos y reaccionar impulsivamente dominados por las emociones negativas, es obvio que no puede salir una respuesta positiva. Planteémonos lo siguiente: ante una situación adversa:
- Escucha tus emociones: ¿hay rabia, miedo, irritabilidad?, ¿tales emociones perduran mucho tiempo y te impiden hallar soluciones o te hacen darle vueltas sin llegar a una solución adecuada?
- Fijate en tu conducta: ¿sueles pedir a alguien que te resuelva el problema?, ¿piensas que ese médico o compañero de trabajo te va a arreglar la adversidad?, ¿atrasas el ponerte en ello, te quejas contínuamente de tener ese obstáculo ahí?
- Atiende a cómo estás viendo el problema: ¿Es para ti una amenaza, un riesgo, una nube o piedra negra enorme en tu camino?, ¿piensas que no vas a ser capaz de hacerlo sólo? O, por el contrario ¿lo ves como una oportunidad para actuar de forma distinta y avanzar?
Como hemos comentado en muchas ocasiones, para saber si estamos afrontando bien una situación, las EMOCIONES son fundamentales. Nos hablan contínuamente, nos están diciendo que algo no va bien. Pero, a menudo nos sumergimos tanto en ellas o nos alejamos tanto que no podemos escucharlas y no nos pueden ayudar.
Otro elemento que nos aleja de afrontar algo bien es la actitud o creencia que tenemos de nosotros mismos y de los problemas en general. Si los vemos como un peligro, si nos consideramos incapaces de solucionarlos y sólo nos fijamos en la montaña que tenemos delante, las posiblidades de escalarla y seguir el camino son menores.
Así pues, ¿cómo podemos educar un afrontamiento más positivo y efectivo? Si recordamos las características de un estilo activo o positivo, nos vendrá a la mente el planificar, priorizar, buscar apoyos, etc. Es decir, pensar en la situación y valorarla es el primer paso. Podemos escuchar lo que nos dicen nuestras emociones, y puede ser que algunas sean negativas porque nos están alertando, pero no nos detengamos más en ellas, ya nos han dado la información de que hemos de actuar, ahora centrémonos en cuál es el problema y cómo salir de él.
El ver la situación objetivamente es otro punto que nos puede ayudar. Vernos como si fuésemos una tercera persona, pensar como si el problema fuese de otro y tuviéramos que aconsejarlo. Por el contrario, ver el problema de forma subjetiva, sumergirnos en el y no salir de ese marco hace que suframos de ansiedad, malestar o desarrollemos otros problemas de salud, ya que un estilo negativo de afrontamiento, continuado durante años desemboca en consecuencias negativas para la salud. Veamos esas pinceladas acerca de Afrontar y Reaccionar activamente o adecuadamente ante un problema:
- No detenerse en la ansiedad, rabia o miedo que nos produce esa situación, esa actitud sólo nos llevará a no actuar. Cojamos esas emociones como una señal de que hay que solucionar algo.
- Ver el problema no como una amenaza sino como una oportunidad para aprender o desarrollar nuestras capacidades.
- No evitar el solucionarlo y atrevernos a “mirarlo de cara”, pensar que podemos y tenermos capacidades para afrontarlo: fíjate en experiencias pasadas, ¿qué puedes sacar de ellas, cómo las has vencido?
- Mantenernos relajados, ya que la ansiedad es mala compañera para solucionar conflictos, al igual que la prisa.
- Visualizar e imaginar que resolvemos la situación.
La vida o camino que afrontemos cada uno puede ser un lienzo en el que ir construyendo nuestras experiencias. Cuando conseguimos superar un obstáculo exitosamente hemos de echar la vista atrás y fijarnos no sólo en lo que hemos conseguido, el RESULTADO, sino en CÓMO lo hemos hecho. El detenernos al final y ver todo el proceso o camino durante el cual hemos experimentado una situación negativa o un proceso difícil, es fundamental para ser más conscientes de nuestros logros y capacidades, reconocerlos y, a su vez, aprender a afrontar nuevas situaciones futuras.
Por eso, os animo a escucharos y fijaros en todos los procesos duros por los que habéis pasado y a deteneros en cómo los habéis superado y qué habéis hecho. Muchas veces las soluciones están en nosotros, en la información que nos dan nuestras emociones, sólo falta cambiar el punto de mira para encontrarlas y aplicarlas.


