La fortaleza del esfuerzo es la medida del resultado (James Allen)

Entender las emociones

Desde la Psicología sabemos que las emociones son unas respuestas que se desencadenan por alguna situación de vital importancia. Son universales, transculturales y pueden ser observadas en todos los humanos.
El cuerpo humano es inteligente. La evolución nos ha demostrado que las especies buscan su supervivencia y, por ello, nuestro cuerpo se autoregula gracias, entre otros, a las emociones, que nos ayudan a superar situaciones en las que es necesaria una reacción inmediata.

Las emociones son innatas pero están influidas por nuestra experiencia. Es decir, a pesar de tener una base innata, filogenética, las emociones también pueden aprenderse. ¿Por qué? Por la capacidad y los recursos que poseemos cada uno de nosotros independientemente de los problemas que podamos o creamos tener. Si bien la emoción “dura poco”, es la respuesta a esta emoción la que perdura en el tiempo y la que puede hacer de nosotros personas fuertes que hacen frente a imprevistos o, de lo contrario, personas incapaces de manejar situaciones no deseadas.

El aprendizaje es sencillo: basta con entender nuestras emociones. Esto implica empezar una cadena de acontecimientos que nos permitirá tomar decisiones correctas y mejorar como personas con éxito de manera visible a través de la dedicación, superación y motivación pero también de manera no visibles con esfuerzo, concentración, memoria, positividad y, sobretodo, aprendizaje.
Por eso podemos decir que lo que sentimos está muy relacionado con lo que hacemos y decimos. Y con lo que aprendemos.

Entender las emociones no es tarea fácil. Primero hay que saber que existen unas categorías básicas para clasificarlas. Son emociones básicas el miedo, la ira, la alegría y la tristeza.

  1. ALEGRÍA: es la emoción más gratificante: la que nos da una sensación de bienestar y seguridad. Nos induce hacia la reproducción (deseamos reproducir aquel suceso que nos hace sentir bien).
  2. IRA: es la rabia, el resentimiento, la irritabilidad. Nos induce hacia la destrucción.
  3. TRISTEZA: Nos motiva hacia una nueva reintegración personal. Es la emoción de la soledad y el decaimiento.
  4. MIEDO: es la anticipación de una amenaza o peligro que nos produce ansiedad, e inseguridad. Biológicamente tendemos hacia la protección. Es la base principal de las fobias.

Existen, a su vez, emociones secundarias: la sorpresa, el desprecio, la vergüenza, el amor.
Aunque aquí se exponga esta clasificación hay muchos autores que clasifican las emociones de distintas maneras, en grupos diferentes, pero al fin y al cabo siempre se habla de las mismas emociones.

Y segundo, hay que saber que emoción y sensación van completamente de la mano. Cualquier emoción tiene 3 componentes a tener en cuenta: la respuesta fisiológica (temblar, sonrojarse, sudar, respirar agitadamente, aumentar del ritmo cardíaco,…), la conducta expresiva (expresiones faciales, gestos, distancia personal,…) y la interpretación subjetiva sobre nuestra emoción o la de los demás. Nuestros músculos se tensan cuando tenemos miedo, preparados para la huída si hace falta, nos sonrojamos si nos gusta alguien o tenemos vergüenza, sudamos si nos ponemos nerviosos, o nuestros latidos se aceleran si alguna injusticia nos da rabia.

Más adelante hablaremos de uno de los temas más interesantes y estudiados en el campo de la Psicología: la expresión facial.

Para más información interesante, sigue nuestros artículos en ActualPsico
Estrés y salud
Teoría de la apreciación de Lazarus


Deja tu comentario.