por Azucena Arévalo Navas
Pedro, este es el hilo de tu vida. Si tiras un poco de él, una hora pasará en cuestión de segundos. Y si tiras con todas tus fuerzas, pasarán meses o incluso años en cuestión de días” (…). Por primera vez en su vida, Pedro comprendió que no había sabido disfrutar de las maravillas de la vida. Había pasado por la vida a toda prisa, sin pararse a ver todo lo bueno que había en el camino (…). “Me he perdido el don de la vida” (…).Tomó la decisión de no sacrificar el presente por el futuro y empezar a vivir en el ahora.
Fragmento tomado de “El monje que vendió su Ferrari” Robin S. Sharma
Esto no ha sido más que un cuento, pero…
¿Podemos tener la certeza de que en nuestra vida real tendremos una segunda oportunidad para vivir lo no vivido?
Lo que sí tenemos es una primera oportunidad de vivir la vida con plenitud. ¿Cómo? Cambiando futuro por presente, es decir, viviendo el presente.
Debemos hacer de cada momento un momento especial, sin posponer las cosas que siempre hemos querido hacer ya que nos hacen infelices en el ahora.
En nuestras vidas, muchas veces tomamos el presente como un puente para llegar al futuro y vivimos preocupados por como será. Hemos dejado de disfrutar de lo que tenemos por pensar en lo que podría venir después (que es un futuro incierto), por lo que sucedió antes, por lo que estamos dejando de hacer o por otras “cosas“ que consideramos que son mejores y que estamos dejando de vivir u obtener.
Cada momento que pasa es un momento que no podemos recuperar. Una de las medicinas más poderosas para la depresión es precisamente saber disfrutar el momento.
El presente significa tomar las riendas de nuestra vida, disfrutando día a día. Hemos de dejar que todo ocurra a su tiempo, no quedarnos atrás pero tampoco adelantarnos
Existe un antiguo y bonito consejo que dice que debemos vivir cada momento para poder disfrutar de la propia belleza de la vida, del día a día, pero sobretodo del presente. No dejemos para mañana lo que podamos hacer hoy, puesto que vivir cada momento nos permite disfrutar del día a día sin pensar en el mañana, porque precisamente desconocemos qué puede ocurrir mañana.
El pasado nos da una referencia, de esas vivencias debemos aprender como deberíamos actuar hoy para seguir creciendo. Lo que tendríamos que evitar es vivir allí indefinidamente pensando en que cualquier tiempo pasado fue mejor, en cosas que pudieron ser, cosas que hicimos y no hicimos, en los triunfos, las derrotas…
¡Vivamos hoy como si no hubiera ayer ni mañana!


