El ciclo de la violencia


violencia contra la mujerEl 25 de noviembre es el Día Internacional Contra la Violencia a la Mujer. Según la última macroencuesta sobre “Violencia contra las mujeres” del Instituto de la Mujer, el porcentaje de mujeres maltratadas ha descendido un 3% respecto a la primera encuesta, del año 1999. Sin embargo, el número de muertes de mujeres a manos de sus parejas o ex parejas ha aumentado considerablemente, siendo el 2008 el año con más muertes desde 1999. Madrid, Extremadura y Andalucía son las ciudades con mayor porcentaje de maltrato a la mujer, superando el 12%.

Sabemos que la violencia doméstica no es, ni ha sido nunca, un hecho aislado. Es un patrón de abuso recurrente que se identifica en modo de ciclo de violencia. Un ciclo de conductas que se van formando con el tiempo.
Este ciclo de violencia tiene 3 fases: la acumulación de tensión, la explosión y la “luna de miel”.

  1. Acumulación de tensión.
    En esta primera fase se construye la tensión en la pareja, que aparece en los conflictos del día a día. Esta tensión hará que cada vez la mujer vaya teniendo menos control de los incidentes violentos. Si se aceptan las normas que dicta el agresor, la víctima puede retrasar el maltrato pero no evitarlo.
  2. Explosión.
    En esta fase, la más corta, aparece la violencia física como castigo a la mujer por una conducta supuestamente errónea. maltrato domésticoLa mujer pierde totalmente el control de la situación. La violencia puede incluir abuso emocional, sexual, físico o psicológico.
    Las lesiones que presentan las víctimas de maltrato doméstico pueden ser físicas y/o psíquicas. Las primeras suelen ser visibles como roturas de huesos, contusiones o hematomas producidos generalmente por los golpes de puños o por objetos y otras no tan visibles como empujones, patadas o bofetadas. Las segundas más frecuentes, suelen ser insultos, humillación y la confrontación con los propios hijos (hablaríamos aquí del Síndrome de Alienación Parental anteriormente comentado). El aislamiento es otra de las consecuencias graves. Se produce un mecanismo de presión emocional tal que acaba por aislar a la víctima del contexto social de modo que se le impide tener apoyo y recursos para salir de la relación o buscar ayuda.
  3. Luna de miel.
    La fase del arrepentimiento o “luna de miel” es aquella en la que el agresor se arrepiente de lo que acaba de suceder, se enternece y se compromete a no volver a repetir la situación e incluso a acudir a especialistas. Es posible que trate de culpar a alguna cosa (el alcohol) o a su mujer con frases como “lo he hecho para que aprendas a no hacer…”. Más tarde, la mujer, ante los “te quiero” y los regalos, reacciona ante las muestras de amor y perdona a su pareja confiando en que haya sido un hecho aislado. Pero es una fase transitoria: la probabilidad de una nueva situación de agresión será cada vez más breve en el tiempo, bastando con una absurda conducta fuera de las normas establecidas, para que la tensión y la violencia aparezcan de nuevo.

Las consecuencias convivirán con la mujer maltratada el resto de su vida. A largo plazo, las consecuencias psicológicas más frecuentes serán la depresión y el trastorno de estrés postraumático.

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