El arteterapia (parte II)

Marco Antonio Raya, presidente de Simbólica, Asociación de Arteterapia y Mediación artística, sigue publicando artículos muy interesantes sobre aspectos imprescindibles a tener en cuenta (y mucha reflexión) para entender el mundo de el ARTETERAPIA. Aquí os dejamos con 5 puntos más para la reflexión.

por Marco Antonio Raya
arteterapeuta

Como el Arteterapia es algo más que un cuaderno para colorear, continuamos en esta segunda parte con pequeñas reflexiones en torno a conceptos que creo interesantes en relación a la disciplina.

11. SOBRE LA TRANSFORMACIÓN.

En ocasiones se habla de la transformación como una de las bases de definición del Arteterapia actual. Atrás quedaron (¿atrás quedaron, seguro?) los días de la laborterapia, en la que la premisa era la mera construcción robótica, el empleo del tiempo en un estar haciendo. Ahora, una nueva Arteterapia lucha por definirse a partir de conceptos como evolución, cambio, metamorfosis o transformación.

Significantes muy amplios y, en ocasiones, tristemente asociados a una cierta idea de bondad que no siempre es en beneficio de la persona. Así que hablamos de transformación, pero ¿la transformación de qué y hacia dónde? Pues, como siempre, habrá diferentes puntos de vista dependiendo de cada profesional (ya ni siquiera hablamos de corrientes teóricas). Podríamos hablar de la búsqueda de un punctum que indique que algo ha sucedido en una serie de repeticiones en la plástica de una producción, por ejemplo. O podríamos hablar de la transformación del ritual de llegada de la persona que acude al espacio arteterapéutico. O de la transformación de la dirección de la mirada durante el acompañamiento (otra manera de llamar al manejo de la contratransferencia, eso que se despierta en la dirección artistante*-profesional). Podriamos hablar de la evolución de las formas, de los materiales o de la elecciones. De la posición en el espacio de la persona mientras crea o del tiempo que emplea en hacer una producción. De las conversaciones. De los temas que remite desde la palabra o desde lo figurativo. Miles de pequeñas transformaciones o ninguna, que también puede pasar.

En definitiva, la transformación es una de las bases de nuestra disciplina como profesionales del Arteterapia, pero como siempre habrá que cuidar de no perseguirla. Como la felicididad, como la relajación, como la sorpresa… como tantas otras cosas. Cuando hablo de “perseguir la transformación” me refiero a, literalmente, forzar la persecución sin respetar el tiempo, la repetición o al propio malestar. Una transformación forzada, además de ser una acción dudosamente ética, será una acción perfectamente elástica, donde la forma volverá a su posición inicial pasado un tiempo. Estaremos de nuevo, en el punto de partida.

12. SOBRE EL MATERIAL.

Ni que decir tiene que el material es el soporte del que están hechos los sucesos ficcionales de lo sucede a nivel simbólico. Esto significa una proyección constante a todos los niveles, forma, densidad, color, textura, calidad… La consideración del material con el que se trabaja viene acompañada de la formulación de una de las cuestiones más características del Arteterapia (una de esas posibilidades durante el acompañamiento que le dan función de diferenciación al Arteterapia con respecto a otras variantes terapéuticas); esto es, la doble función de análisis del material como objeto y como significante, como parte y como todo, como cosa vista y cosa que mira así como los múltiples significados (abiertos) que puede tener en la persona que realiza el proceso.

De esta manera, primará la calidad en aquellos materiales que usemos, quizá es interesante valorarlo como una categoría paralela a la calidad de aquello que ofrecemos como profesionales. Pero también habrá que estar atentos a las posibilidades que otorgan todos los materiales posibles, desde los adquiridos en cualquier sitio (como en un bazar) a los que no son propiamente artísticos (como podrían ser el uso de especias culinarias o cortezas de un árbol). Todo cuenta, porque la vida está hecha de cosas así, materiales que son transformados. Unos más previsibles, otros menos.

Y, por supuesto, cuenta y mucho cómo la persona se acerca a ese otro-objeto que se interpone o media en el espacio de transición de la creación. ¿Cómo es transformado el material? ¿Con cariño, con rabia, con miedo? El material, su disposición, uso y manufactura es una cuestión fundamental en Arteterapia.

13. SOBRE LA MIRADA.

La mirada como acto físico, inmediato. La mirada como componente de la interpretación necesaria al acompañamiento (no aquella que presupone significados, sino aquella que da un sentido a la marcha).

La mirada profesional en Arteterapia es crucial, ya que su dirección implica la impronta de una devolución, deseada o no, una huella que a su vez repercute en lo que la persona produce (por supuesto, esto no siempre sucede, en ocasiones, por suerte, la persona produce a pesar de nosotros). A diferencia de la terapia por la palabra, en Arteterapia lo puesto en juego es visible, tiene presencia física. Digamos que la dimensión de lo visible teje una sutil telaraña en el espacio arteterapeútico. Es fácil sujetarse, guiarse, pero también el tropiezo, el enredo.

De esta manera, la mirada inaugura una suerte de acto en el que se toca la producción. Es en ese acto performativo de la mirada donde, desde la suya, la persona encuentra la concreción de un contenido psíquico en virtud de los materiales utilizados y es donde, la y el arteterapeuta disponen sus bases para continuar acompañando.

14. SOBRE LA PROPUESTA

Las propuestas son indicaciones. No podemos obviar el poder coercitivo de cualquier propuesta que salga de nuestra parte como profesionales. Es decir, por mucho que nos empeñemos en no dirigir la sesión, en no obligar a la persona a que haga algo de una manera determinada, tenemos que recordar que -en última instancia- la persona ha venido buscando ayuda o acompañamiento. Así que las propuestas siempre estarán del lado del difícil equilibrio entre el mandato, la sugerencia, el obsequio y la co-creación.

En este sentido, la propuesta puede ser un bombardeo insoportable, por muy aparentemente neutra que sea. A veces proponer demasiado es tan bloqueante como una página en blanco.

Ese horror vacui delante del bloqueo, esa ansiedad del precipicio, tiene una dimensión especialmente considerable en Arteterapia y hay que andar con cuidado para no generar una obligación extraordinaria. Frente a la duda, la premisa siempre es la misma: quien manda en su proceso creativo es -exclusivamente- la persona; y eso, en ocasiones, puede incluir no querer hacer nada. Como quien calla. Como quien enmudece. El espacio arteterapéutico es, también, para callar, para no hacer.

La propuesta más valiosa es aquella que surge del acompañamiento durante el movimiento del propio proceso y que, inevitablemente, siempre es a medias con la persona. De lo contrario, se convierte en una especie de guía u hoja de ruta que, en ocasiones, puede ser un acierto, pero en la mayoría lleva al mero cumplimiento de una supuesta obligación impuesta por la presencia de la o el arteterapeuta.

15. SOBRE LA PACIENCIA

El arteterapia es un proceso terapéutico fundamentado en la paciencia, esto es, el saber o el poder soportar el paso del tiempo en medio del malestar, en medio del esfuerzo y esquivando el regusto ácido de la imposibilidad del resultado inmediato. El Arteterapia en su sentido más amplio pretende favorecer una reescritura simbólica, un glitch en la narración vital que genera malestar que acabase transformándola. Como una mutación. Con la imprevisibilidad por bandera, un proceso creativo necesita su tiempo, su dosis de deseo y su tránsito por el borde. Y antes de caer en el tópico del paciente como “la persona que acude para iniciar un proceso arteterapéutico que lo quiere todo ya”, planteémonos como profesionales cuánto de esa impaciencia no es sino nuestra cuando esperamos/buscamos/vendemos cambios o mejoras en el malestar de quien nos pide ayuda.

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