por Eva Pastor González
La memoria, al igual que otras capacidades de tipo cognoscitivo como la atención o la concentración, puede verse afectada en determinados momentos o etapas de nuestra vida. Situaciones como olvidar el nombre de la persona que acabo de conocer, no recordar si he tomado la medicación o algo que acabo de leer son los olvidos cotidianos más comunes.
De entre los factores que pueden dificultar la memoria, la edad suele ser el más reconocido, pero existen otras variables personales o ambientales que influyen, como padecer una enfermedad de tipo neurológico, presentar trastornos psicológicos que cursan con ansiedad o depresiones u otras enfermedades en las que predomina el dolor crónico o simplemente por falta de estimulación cognitiva.
Por otro lado, las dificultades para memorizar o recordar eventos no han de tomarse como algo patológico o grave, ya que la gran mayoría constituyen olvidos normales u olvidos benignos producidos por la edad, a diferencia de los olvidos producidos por una enfermedad como la demencia, que implican deterioro cognitivo grave.
En ocasiones, el deterioro cognitivo puede venir derivado de una falta de costumbre, de práctica o ejercitación cognitiva, como realizar crucigramas o jugar al ajedrez a menudo. Estas actividades o prácticas, entre otras, constituyen el estilo de vida personal, el cual es fundamental para prevenir enfermedades y fomentar la salud tanto física como mental.
Existen diversos programas y recomendaciones para ejercitar nuestra memoria y rendimiento cognitivo, que podemos aplicar tengamos la edad que tengamos. Muchos estudios afirman que la cognición es adiestrable y se puede mejorar, incluso en personas de edad avanzada, así que cuanto más la pongamos en práctica y más variedad de ejercicios hagamos, más salud ganaremos.
Veamos aquí algunas recomendaciones elementales y a la vez útiles:
- Es imprescindible mantener activo el cerebro realizando ejercicio intelectual (contar mentalmente, leer cada día, hacer páginas de pasatiempos, puzzles…)
- Conviene utilizar estrategias para mejorar el aprendizaje de nuevas cosas y favorecer el recuerdo (hacerse listas, llevar fichas, un calendario, post-it…)
- Deberemos prestar atención a lo que hacemos evitando que las acciones cotidianas se vuelvan rutinarias o automáticas.
- El interés y la motivación son necesarios para aprender y recordar mejor. Busquemos actividades que nos llenen y, por tanto, nos motiven.
- También es importante lograr el bienestar psicológico. La ansiedad y la depresión inciden en un peor funcionamiento de la memoria.
- El aprender una técnica de relajación ayuda a controlar la ansiedad que generan los nuevos aprendizajes y la posibilidad del error.
- No pretender NO tener ningún olvido o equivocación. El querer ser perfecto y rápido sólo genera ansiedad. Con los años el cerebro sigue funcionando bien pero necesita más tiempo para actuar.
- Preocuparse por mantener un buen estado físico estableciendo hábitos saludables.


