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Psicología de la Salud

Personalidad y enfermedad

Por Eva Pastor González

En varias ocasiones hemos tratado el tema de la actitud y la manera de afrontar la realidad – sean hechos cotidianos simples o adversos – y su correlación con la salud física. En el presente artículo ahondaremos más en ello introduciendo el concepto de Patrón de Conducta o forma de respuesta y su relación con determinadas enfermedades, especialmente somáticas, o estados de malestar.

Desde hace décadas la investigación relacionada con la forma en que la personalidad podía mediar en el desarrollo y evolución de una enfermedad ha sido creciente, a pesar de que el inicio del interés en ello data de la época de Hipócrates. Existen diferentes elementos que pueden incidir en la aparición de una enfermedad, no obstante nos centraremos en los rasgos o características de personalidad que predisponen a los llamados patrones de conducta.

Muchos autores han descrito el patrón de conducta como la reacción que sucede cuando una persona y sus características de personalidad son activadas por un agente ambiental. De aquí se puede definir tal patrón de conducta, como los rasgos que modulan el modo de enfrentarnos a la vida y a la enfermedad.  Tal patrón de personalidad modula por tanto, nuestras actitudes, expectativas y a la larga, nuestro afrontamiento y habilidades de adaptación al entorno. Por otro lado, se ha comprobado que existen muchos factores destacables en la aparición de una enfermedad. Tal como describe la OMS, el término Salud, es “un estado completo de bienestar físico, psíquico y social, y no la mera ausencia de enfermedad o minusvalía”. ¿Qué implica esto? Entre otras cosas que tal estado de bienestar físico, psíquico y social dependerá de nuestro bienestar emocional, nuestras satisfacciones con la vida y de un conjunto de elementos que serán de una manera u otra en función de cómo lo afrontemos o contemplemos y serán independientes de nuestra salud física.

En el discurrir del tiempo se han descrito y clasificado distintos patrones de conducta; pues bien, cada uno de ellos se ha asociado  a una enfermedad específica.

Presentaremos en este espacio los 3 primeros:

-          El llamado Patrón de Conducta Tipo A, (PCTA) observado por los cardiólogos Friedman y Rosenman en la década de los años 50. Asociado a pacientes con cardiopatías isquémicas. Sus rasgos y características comunes son los de aquellas actitudes que muestran una lucha por lograr el mayor número de cosas en el menor tiempo posible, contra los esfuerzos de otras personas y los elementos del mismo ambiente. Se observó que este tipo de pacientes tenían más probabilidad de presentar angina de pecho o infarto de miocardio. Lo consideraron un factor de riesgo asociado al consumo de tóxicos, conductas agresivas o violentas. Se establecieron entre otros, rasgos patológicos como la hostilidad o reacción agresivas al entorno, la competitividad, impulsividad y alexitimia (dificultad para identificar y expresar emociones, sentiminentos o afectos). Un estilo autoritario y dominante, necesidad de control, escasa empatía, sobreimplicación laboral o metas rígidas son otros rasgos característicos de este patrón.

-          Patrón de Conducta tipo B: es el que se enmarca como saludable. Los rasgos que componen este patrón son los de aquella persona tranquila, relajada, empática, asertiva, abierta a las relaciones sociales y con tendencia a focalizar su objetivo en un mayor bienestar emocional. No hay hostilidad y es consciente de sus limitaciones. Se suele definir como la no presencia de un Patrón de tipo A.

-          Patrón de Conducta de tipo C, (PCTC): es sin duda, el más nombrado a la vez que reconocido, por estar asociado con enfermedades cancerígenas o crónicas. Morris y Greer identificaron este patrón en 1980, a pesar que Galeno (S.II A. C) ya mencionaba la asociación entre determinados perfiles de personalidad con el desarrollo del cáncer. Los rasgos establecidos para este patrón son: inhibición o supresión de emociones negativas, como la ira; dificultad para afrontar situaciones estresantes; bajos niveles de asertividad y hostilidad y altos niveles de ansiedad preocupación y sumisión. En este último grupo existe una vocación de servicio a los demás, autosacrificio y complacencia. Los principales rasgos patológicos en este patrón son la supresión-inhibición-negación de emociones negativas y la incapacidad para afrontar las situaciones estresantes. El estrés por sí solo no desencadena procesos tumorales sino que median otras variables. Más que en la causa, este patrón puede mediar en la supervivencia ante la enfermedad.

La posible explicación etiológica para cada uno ha sido planteada por diversos autores. En el caso del PCTA, la represión de la hostilidad o ira conlleva a una elevada activación del SNS. Puesto que  estas personas perciben los hechos de su entorno como una amenaza, la facilidad para la hiperactivación será mayor. En el caso del PCTC se ha insinuado que la represión emocional ante una enfermedad está asociada con la misma. La reacción ante la enfermedad es el factor que más media en que esa enfermedad sea crónica y con mejor o peor pronóstico.

En conclusión, a día de hoy no hay suficiente evidencia para afirmar que las enfermedades se asocian a diferentes tipos de personalidad, sino más bien a un perfil o patrón de personalidad que junto con otros factores facilitan y, por tanto, son un factor clave en el desarrollo de ciertas enfermedades. Y es que en efecto, no hay un único factor sino varios implicados. En todos los patrones vistos, los distinos factores no llevan a la enfermedad en sí, sino que son sus efectos los que están mediados por variables biológicas, psicológicas o fisiológicas que ocurren simultáneamente.

En el siguiente artículo abordaremos los nuevos patrones de conducta, particularmente aquellos asociados a enfermedades psicosomáticas, para tratar luego aquellas variables de personalidad que se consideran protectoras y las variables facilitadores de enfermedad.



Peligro en la carretera: la ira del conductor

15 de agosto. Vacaciones para unos, vuelta a casa para otros. Allá donde vayamos cogemos el coche para la escapadita a la playa o el viaje al aeropuerto y una vez en el atasco … empiezan los nervios. Y tras ellos, los insultos, las infracciones, los accidentes, etc.

Pero no sólo nos ponemos nerviosos en la Operación Salida. Miles y miles de personas se trasladan diariamente a trabajar a las grandes ciudades lo puede generar estrés. Ver tantas infracciones o cometerlas y recibir insultos no es agradable y, desgraciadamente, cada vez son situaciones más frecuentes. Por eso, muchas personas sufren al volante perdiendo la concentración y el control del vehículo.

La ira del conductor
Contesta a estas preguntas: ¿Te alteras con los atascos de la mañana y saber que llegas tarde? ¿Sueles enfadarte cuando el coche de delante no te deja adelantar? ¿Se te escapa algún taco cuando alguien conduce a toda velocidad poniendo en peligro a los demás?

Si son afirmativas quizás sufras la IRA DEL CONDUCTOR.

La ira es una de las emociones básicas del ser humano y una de las más estudiadas en la psicología del conductor. El problema aparece cuando ese sufrimiento se traduce en ira que puede poner en peligro la propia vida y la de los demás. Evitaríamos accidentes innecesarios si sabemos gestionar ese enfado y velar por nuestra seguridad al volante (recordamos que sólo en España murieron 188 personas en agosto del 2010). Aunque mostrar ira en la conducción Seguir leyendo… »



Unas vacaciones relajantes

Por Marta Ocaña Mariné

El mes de agosto suele ser el elegido por la mayoría para tomarse unos días de vacaciones. Es por tanto un buen momento para relajarnos y descansar, sin embargo no siempre lo conseguimos. A veces no nos permitimos bajar el ritmo, o bien la falta de rutina nos desestabiliza. Es importante que cada uno se conozca a sí mismo y sepa qué es lo que necesita para relajarse y recargarse de energía.

Te vamos a proponer unos pequeños cambios para tu rutina diaria, pensados para adaptarse fácilmente a tus planes para este verano, tanto si estás en la ciudad, en el campo, o en la playa… Consisten en incluir unas costumbres relajadas al levantarse, a mediodía y al caer la tarde.

Por la mañana, puedes aprovechar para despertarte de manera natural, respetando así tu propio ritmo de sueño y vigilia que durante el año has tenido que forzar para adaptarte al horario laboral y las obligaciones cotidianas. De todos modos, para facilitar tu adaptación a la vuelta, procura no desfasarte en exceso y a medida que se acerque el final de las vacaciones vete aproximando de nuevo al ritmo del periodo laboral.

Al levantarte y tras un ligero desayuno incluye una rutina de estiramientos, yoga o meditación, que te ayudará a encarar el día con actitud clara y despejada. Si no sabes por dónde empezar, lee el consejo de esta semana, en el cual te propondremos algunos estiramientos.

A mediodía, toma una pequeña siesta, la cual es una costumbre muy relajante con la que recobrarás energías para la tarde (Puedes consultar un consejo sobre la siesta en el siguiente link). Si no te apetece dormir, elige una actividad reposada como la conversación, la lectura o unos pasatiempos, y sobretodo, busca un lugar fresco.

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¿Qué es la ansiedad?

Por Cristina Garcia Gilabert

La ansiedad es uno de los problemas psicológicos que más afecta a la sociedad, encontrándose prevalencias vitales superiores al 30% según NCS publicada en el 2007.
Según la definición del DSM – IV, la ansiedad es una anticipación aprensiva de un peligro o desgracia futuro acompañada de un sentimiento de malestar o síntomas somáticos de tensión. Por lo tanto, para entender lo que es la ansiedad hemos de tener en cuenta estos dos componentes, por un lado la amenaza real o imaginaria, la situación que no sabemos cómo resolver o cuál será su desenlace; y, por otro lado, el malestar o los síntomas fisiológicos que lo acompañan resultado de la activación del sistema nervioso simpático.

Existen diferentes teorías que intentan diferenciar la ansiedad del miedo o pánico, enfatizando las diferencias en los tipos de amenaza que las causan. Según Barlow, el principal componente que lo diferencia sería en la inmediatez de la causa, ya que en el miedo se observaría un peligro presente mientras que la ansiedad sería la consecuencia de una anticipación o aprensión a un peligro futuro. Por otro lado, para Marks, resaltaría el papel irracional de las causas de la ansiedad mientras que en el miedo sería una respuesta normal ante un peligro real. Seguir leyendo… »



¿Existe relación entre estrés y dolor crónico? (II)

por Eva Pastor González

El bienestar emocional juega un papel importante en los síntomas o enfermedades que sufrimos. Mente, emociones y cuerpo están íntimamente interconectados, es por ello que aunque se nos presenten inevitables retos diarios en la vida, el aprender a afrontarlos de otra manera ya genera un nuevo y distinto efecto en nuestras emociones y cuerpo; fenómeno que a su vez repercutirá muy positivamente en nuestra mente generando simultáneamente un efecto protector y de equilibrio a largo plazo.

En la línea de la posible relación estrés-dolor, presentamos en la primera parte del artículo la teoría planteada acerca de cómo el cortisol, substancia generada por el organismo debido a procesos de estrés, puede provocar un efecto sobre el Sistema Nervioso Central. Dando como fruto un dolor Generalizado.

Puntualicemos ahora más en detalle la procedencia de tal estrés, la naturaleza asimismo de nuestro propio organismo y cómo, a su vez, la conjunción entre ambas puede derivar en dolor crónico en algunas personas u otros procesos físicos, en otras.
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¿Existe relación entre estrés y dolor crónico? (I)

Por Eva Pastor González

 

En los últimos años ha emergido toda una variedad de teorías defensoras de la relación causal entre la presencia de estrés y sufrimiento en la vida de una persona y la aparición o mantenimiento del dolor crónico. Partiendo de esta posible relación, en el presente artículo vamos a exponer dichas teorías, incidiendo en particular en las posibles causas de tipo fisiológicas o vitales que influyen en la aparición del dolor cronificado.

Hasta ahora en los artículos previos sobre el dolor hemos mencionado, a modo de pinceladas, las posibles variables que podían incidir sobre él, como la ansiedad o el bajo estado de ánimo. No obstante, ¿son realmente dichas causas las más frecuentes?, ¿son los verdaderos agentes de una dolencia física o existe algo más? Vamos a intentar ir más allá de ello, situándonos en el posible punto de partida, previo a la aparición de tal ansiedad o bajo estado de ánimo. Seguir leyendo… »



Memoria, atención y dolor crónico II

Por Eva Pastor González

Con el objeto focalizado en presentar una mayor amplitud de recursos útiles para fortalecer nuestra memoria y concentración, caso que estén mermadas por la presencia de dolor crónico, vamos a recordar previamente lo más básico en relación a este tema. Seguir leyendo… »