Descubriendo el Trastorno Límite de la Personalidad (I)
por María Vázquez Costa
El concepto formal de Trastorno de la Personalidad Límite (TLP) o borderline es relativamente nuevo en el campo de la psicopatología. Aunque el término ya ha sufrido modificaciones en la 10ª versión de la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-10) y muy probablemente las sufrirá en la próxima edición del Manual Diagnóstico de la Asociación Norteamericana de Psiquiatría (DSM-V), actualmente se mantiene su uso en el entorno clínico y psicoterapéutico y su “fama” se ha extendido entre profesionales y legos. Por ello, vamos a adentrarnos un poco en este trastorno tan controvertido.
Parece ser que el término inglés “borderline” se utiliza por primera vez en el año 1938, aunque no es hasta la década de los 70 cuando O. Kernberg y J. Masterson acuñan la expresión “personalidad borderline”. En 1980 alcanza el estatus oficial de “trastorno de la personalidad”, al ser incluido en la tercera versión del Manual Diagnóstico de trastornos mentales (DSM-III). Aquí aparece la primera definición con criterios diagnósticos consensuados, que amplía y supera la idea inicial del trastorno (que había dado origen al término) como una patología en el límite entre la neurosis y la psicosis.
Según la versión actual del Manual Diagnóstico (DSM-IV-TR), el TLP se caracteriza esencialmente por “inestabilidad en las relaciones interpersonales, en la autoimagen y en la afectividad”, así como por una notable impulsividad. Otros signos clínicos típicos del trastorno incluyen tendencias suicidas crónicas (amenazas o intentos recurrentes) y autolesiones repetidas. Para que se considere un trastorno, debe observarse un patrón rígido, que se manifiesta en diversos contextos y que causa un notable malestar a la propia persona o a su entorno. Dicho de otro modo, la persona no puede dejar de sentirse, pensar y/o comportarse de manera perjudicial para él o para otros (cumpliendo al menos 5 de los 9 criterios especificados en el Manual) en diversas situaciones y contextos.
La inestabilidad en la afectividad, o desregulación emocional, es un pilar central del Trastorno Límite de la Personalidad.
Supone, entre otras cosas, una ausencia o escasez de habilidades para gestionar las emociones, lo que puede implicar explosiones de ira, intensa tristeza, crisis de pánico, etc. Éstas pueden alternar con momentos de euforia (de horas o a veces días de duración), de modo que la persona a menudo tiene la sensación de vivir “en una montaña rusa”. Raramente experimentan satisfacción o bienestar duraderos y, sobre todo, equilibrio o serenidad: las reacciones emocionales se pueden “disparar” ante elementos aparentemente insignificantes y la alternancia de una a otra emoción suele ser súbita e intensa.
Otras características frecuentes del TLP son las alteraciones en el pensamiento (por ejemplo, pensamiento blanco-negro, con dificultad para percibir matices), sentimientos crónicos de vacío, desconfianza hacia las personas y miedo al abandono… También es frecuente que las personas con este diagnóstico tengan problemas de abuso o dependencia de tóxicos, trastornos alimentarios, ataques de pánico… y un largo etcétera.
En conclusión, nos hallamos ante una patología compleja, que genera gran sufrimiento y que aún hoy día es insuficientemente comprendida y tratada, a pesar de ser cada vez más estudiada y comentada tanto en libros y artículos como en páginas web y otros foros.
¿Qué es lo que en realidad sucede en el interior de una persona diagnosticada con TLP? ¿Por qué les cuesta tanto manejar sus emociones? ¿Por qué tienen tantos problemas en las relaciones y tanto miedo? ¿El TLP es enfermedad o personalidad? ¿Qué salidas hay para las personas con este tipo de problemas? ¿Existen tratamientos eficaces?
En próximos artículos iremos dando respuesta o reflexionando en torno a estas cuestiones, en base a los conocimientos actuales aportados por la investigación y la experiencia clínica.







