Todo el mundo trata de realizar algo grande, sin darse cuenta que la vida se compone de cosas pequeas (Frank Clark)

La perversión de las etiquetas (II): Trastorno Límite de la Personalidad

por María Vázquez-Costa

Reflexionábamos en un artículo anterior sobre la diferencia entre diagnóstico y etiqueta, y el daño que a veces ocasionan los diagnósticos en salud mental, por ejemplo, a través de la “profecía autocumplida”. Hoy nos vamos a centrar en el caso del Trastorno Límite de Personalidad (TLP), término cada vez más popular, que ejemplifica bien lo que puede dejar de ser un diagnóstico para convertirse en una etiqueta.

El TLP es un diagnóstico controvertido, objeto de numerosos estudios. A menudo se trata de personas con síntomas y problemas complejos que pueden generar gran frustración en el profesional, entre otras cosas, porque no suelen mejorar con los tratamientos tradicionales (e.g. terapia cognitiva, fármacos antidepresivos, etc.). Esto se traduce en la equiparación implícita de “TLP” con “paciente difícil”, “intratable” y otras etiquetas peyorativas.

Diversas investigaciones (e.g. Gallop, Lancee y Garfinkel, 1989; Bowers, 2002) demuestran que la etiqueta “TLP” es suficiente para disminuir la empatía expresada del personal sanitario. Muchos profesionales sanitarios piensan que los pacientes TLP merecen un tratamiento menos empático, que su diagnóstico es malo o manipulador o que son culpables de su comportamiento. Esta entrada en el terreno del juicio moral, rebasando los límites de nuestro campo profesional, añade al peso de la enfermedad el de la “maldad”, perversión o inadecuación personal.

El trato de los profesionales a las personas con TLP, derivado de estos prejuicios, pone en marcha la profecía autocumplida: si una persona, especialmente vulnerable, es tratada con poca empatía, con rechazo o con desagrado, responderá de manera desagradable y poco empática, concluyendo por otra parte que en el fondo recibe el trato que merece porque es mala, o bien que “los otros” son malos y hay que defenderse de ellos, o ambas cosas. O, si el profesional considera que el paciente “es incurable”, que no hay nada que hacer o que sólo mejorará “con la edad”, le invita a caer en la desesperanza, y parece que sólo queda la alternativa de “aferrarse a su etiqueta” para justificar sus dificultades (emocionales, relacionales, laborales)… y esperar, compasión, un milagro, o que pase el tiempo lo más rápido posible. De este modo, la persona no sólo no mejora, sino que a pesar de –o “gracias a”– la intervención profesional, empeora y se cronifica, lo que a su vez refuerza la opinión del profesional de que “no había nada que hacer”.

Actualmente existen suficientes datos sobre tratamientos posiblemente eficaces para el TLP. Es un trastorno complejo pero tratable y “curable”, aunque requiere una buena cantidad de recursos personales y de tiempo, así como formación por parte del terapeuta. A veces, a los profesionales nos resulta más fácil decir “no se puede” o “tú no has querido” que reconocer nuestra ignorancia o limitaciones. Como humanos, todos tenemos límites y, si los reconocemos, dejamos abierta la opción de buscar otras salidas. Las personas aquejadas con un diagnóstico de TLP que han perdido la esperanza, pueden y deben buscar al profesional que esté dispuesto a caminar con ellos para salir de la oscuridad, por encima de las etiquetas.

En un próximo artículo profundizaremos sobre los “pacientes manipuladores”… y la manipulación en la vida cotidiana.



Psicología del Deporte: Entrenamiento Invisible

por Marta Ocaña Mariné

En mi trayectoria como deportista y psicóloga del deporte, me he encontrado con  deportistas muy disciplinados y centrados en realizar correctamente sus entrenamientos, poniéndolos como prioridad dentro de la rutina cotidiana. Muchos de ellos se esfuerzan con gran responsabilidad en seguir las indicaciones de intensidad y frecuencia exigidas, incluso se sienten culpables o inseguros si no pueden cumplirlas al pie de la letra. Sin embargo, me sorprende que estos mismos deportistas se salten pausas, descansos, comidas, masajes, sesiones de preparación psico-deportiva.  ¿Cómo puede ser que se descuide todo esto?

 Tal vez esta sea la parte menos vistosa del entreno, sin embargo los profesionales del deporte no dudan en recalcar su importancia. Más allá de acumular carga, es básico ayudar al cuerpo a recuperar la calma tras el esfuerzo, asimilar el trabajo realizado a nivel muscular, nutricional, emocional y  mental, para poder volver a afrontar un nuevo entreno en las mejores condiciones para aprovecharlo.

 Esto es fundamental para poder seguir, a la larga, las duras rutinas de entreno, evitar el Síndrome de Sobreentrenamiento, prevenir lesiones, mejorar el estado de salud general y obviamente para potenciar el rendimiento. Todo deportista que quiera entrenar al máximo nivel, necesita cuidarse al máximo nivel.

 En esta línea, cada vez oímos hablar más del llamado entrenamiento invisible, término que engloba todas aquellas actividades que un deportista hace fuera del horario de entrenamiento pero que contribuyen también a su preparación, centrándose sobre todo en recuperar el organismo para asimilar el entreno realizado y fortalecerse.

El entrenamiento invisible incluye:

  • Las sesiones de fisioterapia.  
  • La preparación Psicológica.
  • Una alimentación e hidratación adecuada que permite reconstituir el desgaste propio del entreno y la actividad diaria a nivel energético y de equilibrio bio-químico.
  • Un estilo de vida ordenado en cuanto a horarios, que incluya momentos de ocio y descanso.
  • Una correcta higiene del sueño, recordando que cuando el cuerpo se somete a una actividad deportiva intensa, las horas de sueño que el cuerpo necesita se incrementan.
  • La recuperación muscular, para la cual es necesario realizar estiramientos de manera sistemática y supervisados, tomarse en serio el precalentamiento y el  enfriamiento, respetar el tiempo de recuperación entre series, entre sesiones y  entre temporadas deportivas 
  • La aplicación de técnicas de relajación.
  • La higiene postural y corporal.
  • El conocimiento sobre el propio deporte a nivel de técnica, táctica, fisiología…

A los deportistas, os propongo que os planteéis un objetivo de cambio en alguno de estos aspectos; a los entrenadores, psicólogos deportivos y otros profesionales del deporte, que sugiráis un cambio a los deportistas que asesoráis.  Paso a paso estaréis avanzando hacia una preparación más completa.



Emociones de peso

por Luis Salar Vidal

Nuestra sociedad está viviendo una gran paradoja. Por una parte están aumentando los problemas de obesidad y sobrepeso y por otra los casos de anorexia y bulimia. También cada día hay más personas que pesan más persiguiendo cuerpos cada vez más delgados, esbeltos y tersos. Este fenómeno social que sitúa a los cánones de belleza, sobre todo el femenino, por debajo del peso normativo alimenta una auténtica obsesión por el cuerpo y de paso todo un negocio: gimnasios, dietas, cosméticos,… Si entre tus propósitos de año nuevo está perder peso, quizás deberías plantearte antes algunas cuestiones.

¿Qué es la obesidad?
Aunque se ha definido la obesidad como un exceso del peso corporal, quizá sea más apropiado entenderla como un exceso de tejido adiposo. A partir de lo que señala la báscula, existen unas tablas estandarizadas que clasifican a la persona según su sexo, edad y constitución física dentro de unos parámetros. De esta manera, un deportista quizá tenga exceso de peso pero no podemos decir que esté obeso. Actualmente la obesidad está considerada un grave problema para los sistemas sanitarios y ya representa un 7% de su gasto. Sólo en España el 63% de la población adulta tiene exceso de peso y el 20% de los niños entre 6 y 9 años padece obesidad.

¿Por qué hemos engordado?
Principalmente porque comemos más de lo que necesitamos y comemos peor de lo que deberíamos. Ligado al trabajo industrializado, el crecimiento de las ciudades, los incompatibles horarios laborales; cada vez llevamos estilos de vida más sedentarios: nuestros trabajos comportan muy poca actividad física, cubrimos distancias con medios de transporte, dedicamos nuestro ocio a ver la televisión, navegar por Internet, videojuegos,… En paralelo los hábitos alimentarios también han cambiado: hemos sustituido la dieta mediterránea por los alimentos precocinados, la comida de casa por la comida rápida, los fogones por las máquinas expendedoras, comer con los nuestros a comer con desconocidos o solos… Por supuesto, también influyen la genética, trastornos metabólicos y bloqueos emocionales.

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El poder del perdón

por Azucena Arévalo Navas

¿Os habéis planteado alguna vez lo poderoso y beneficioso que puede ser perdonar? A través de un caso histórico os queremos desvelar esta duda. El 8 de junio de 1972, un avión de Vietnam del Sur bombardeó con un combustible la aldea de nuestra protagonista: Kim Phuc. Tan sólo tenía 9 años y se echó a correr por la carretera con la ropa ardiendo gritando de miedo y dolor. En ese momento, el fotógrafo Nic Ut registró la famosa imagen. Más tarde la llevó al hospital y le salvó la vida.

El horror de la guerra quedó captado en esta fotografía que fue la imagen de la guerra de Vietnam y su difusión cambió la forma en la que el mundo contempló el conflicto.

Se puede decir que Kim Phuc no sólo recorrió agonizando aquella carretera el fatídico 8 de junio sino también un camino: aquel que, lleno de obstáculos, años más tarde la llevaría hasta el perdón y la reconciliación con sus agresores. Fue un trayecto largo y difícil, que no todo el mundo consigue recorrer…pero vale la pena. Se sufre mucho, se “conocen” las emociones menos agradables como la rabia u odio y se trabajan. Las heridas (físicas y/o psicológicas) son compañeras de viaje pero gracias también a ellas será posible conseguir llegar a la paz interior. ¿Te apetecería alcanzarla? Como afirma la protagonista: “el perdón es más poderoso que cualquier arma del mundo”. Por ello, ¿no vale la pena entonces perdonar?

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La perversión de las “Etiquetas”

por María Vázquez-Costa

Se puede establecer una distinción entre diagnóstico y etiqueta en base a diversas variables: objetivo y función del término, contexto en el que se utiliza, lenguaje no verbal y explicaciones que lo acompañan, etc. Un diagnóstico, para ser útil, debe dar información sobre las causas del problema (cómo se originó, o bien por qué se mantiene) y los posibles tratamientos. Si no es así, el diagnóstico no sirve a su función, y se convierte en una etiqueta.

Los diagnósticos en el ámbito de la salud mental tienen características peculiares.

A menudo la información que dan es limitada, aproximada y confusa, dada la complejidad del funcionamiento psíquico del ser humano y el desarrollo aún incipiente de las ciencias que lo estudian. No se conocen con exactitud las causas de prácticamente ningún trastorno o alteración “de la mente” que, por lo general, son mútiples; bastantes diagnósticos se basan en una agrupación de signos y síntomas, que pueden aparecer conjuntamente, pero cuya interrelación está por descubrir; además, para diagnosticar algo, deben cumplirse sólo una proporción de los items sugeridos, p.ej. 5 características de 9 posibles, con lo cual puede haber dos personas con el mismo diagnóstico y muy diferente presentación.

Por último, diversas escuelas médicas y psicoterapéuticas defienden la mayor eficacia de diversos tratamientos, produciéndose con frecuencia luchas de poder, en las que por supuesto las empresas farmacéuticas y sus intereses económicos juegan su papel.

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Una patología invisible. Analizando los síntomas de la fibromialgia

por Marta Turroja Serra

Lucía tiene 61 años, no recuerda cuándo empezó todo, hace ya mucho tiempo… Los días transcurren acompañados de sufrimiento y dolor de todo tipo. A veces los dolores físicos son llevaderos, en otros momentos más intensos e invalidantes, impidiéndole desarrollar sus actividades habituales.

Al abrir los ojos por la mañana, Lucía necesita mucha más energía que cualquiera de nosotros para despertar y levantarse de la cama. La fatiga que no se despega de ella, convierten cada actividad, por pequeña que pueda parecernos, en un ejercicio que va a exigir un gran esfuerzo. A pesar de ello, decide enfrentarse al día. El paso de las horas junto a la ayuda de la medicación, hacen que se encuentre un poco mejor. En consecuencia, Lucía aprovecha para hacer todas sus tareas, pero cuando llega el mediodía, después de comer, se siente exhausta. El cuerpo dolorido y el cansancio no desaparecen; a lo que hay que sumar la apatía y la anhedonia que a menudo la acompañan. Las tardes transcurren con lentitud, habitualmente con poca actividad, sin que su patología le de tregua. Llegada la noche, el agotamiento se apodera de ella con rapidez, mientras que la dosis de ansiolítico necesaria le permite conciliar el sueño.

Aparentemente, nada indica que Lucía esté enferma, hace buena cara y cuando está rodeada de otras personas se muestra alegre y sociable. De carácter fuerte y luchadora, pocas veces la escucharéis quejarse. Sin embargo, unos pocos saben que Lucía no goza de buena salud. La fibromilagia irrumpió en su vida, sumándose al trastorno depresivo que acarreaba con anterioridad.

Realizar un diagnóstico de fibromialgia (FM) resulta más complicado de lo que pueda parecer. A menudo, sus síntomas se consideran individualmente; por lo que en muchas ocasiones se aplica un tratamiento independiente de cada uno de ellos, sin considerar que forman un cuadro clínico propio que debe ser abordado con un análisis global y mediante una visión de conjunto.

Además, la controversia existente entorno a la FM, y la falta de una prueba específica y única sobre la que realizar el diagnóstico, genera largos recorridos de los pacientes hasta ser tratados por un profesional que detecte adecuadamente la patología.
Veamos a continuación los síntomas principales de la FM:

  1. Dolor: es el síntoma central de la FM. Este dolor puede ser leve o intenso y localizarse en una zona o en varias, siendo las más habituales las lumbares, cervicales, hombros, caderas, rodillas y codos. Es frecuente que las características del dolor se vayan modificando y que empeoren ante situaciones de estrés o ansiedad, con el clima húmedo y frío, o bien tras un exceso de actividad. Los sujetos que padecen FM tienden a despertarse acompañados de anquilosamiento (rigidez) en el cuerpo; del mismo modo que les ocurre tras largos periodos de tiempo sentados.
  2. Fatiga: la fatigabilidad de los pacientes oscila durante el día con episodios de agudización (crisis de agotamiento) que suelen mejorar con el reposo. La fatiga puede limitar en las actividades del sujeto y interferir en su vida diaria cuando es de carácter moderado o severo.
  3. Depresión y ansiedad: ambos aspectos son muy presentes en sujetos con FM, por lo que a menudo los pacientes son diagnosticados equivocadamente con un trastorno depresivo o ansioso. Sin embargo, cuando se detectan estos síntomas es muy importante su tratamiento, ya que pueden agravar la FM e interferir en su manejo.
  4. Insomnio: es otro de los síntomas más extendidos. A pesar de dormir las horas suficientes, en muchos casos manifiestan un sueño no reparador; se despiertan cansados como si apenas hubieran dormido. Por otra parte, pueden experimentar dificultades para conciliar el sueño y/o para mantenerse dormidos.
  5. Trastornos cognoscitivos: las personas con FM padecen de alteraciones cognitivas caracterizadas por síntomas diversos como las dificultades para mantener la atención y la concentración, lentitud en el procesamiento mental, pérdida de memoria y olvidos.

También existen otros síntomas menos frecuentes pero que acompañan a muchos de los pacientes con FM:

  • Parestesia: entumecimiento y hormigueo de las extremidades, principalmente manos y pies.
  • Síndrome de las piernas inquietas: es un trastorno neurológico caracterizado por el impulso incontrolable de mover las piernas en situaciones de descanso o reposo.
  • Síndrome del intestino irritable (SII): en ocasiones la FM se acompaña del SII, también llamado síndrome del colon irritable, en el que se observan trastornos digestivos, cólicos, dolores abdominales, meteorismo, estreñimiento y/o diarrea.
  • Dolor de cabeza: son habituales las jaquecas, tensión y dolores de cabeza de tipo vascular. También pueden coexistir con molestia en las sienes o detrás de los ojos. Además, se ha observado en varios casos disfunción de la articulación temporomandibular que produce dolores de cabeza acompañados de molestias en la cara y las mandíbulas.
  • Hipersensibilidad sensorial, síntomas alérgicos y problemas de la piel: prurito, manchas, reacciones alérgicas, hinchazón, hipersensibilidad a la luz, los sonidos y los olores.

Entre los sujetos con FM existe gran variabilidad en la manifestación de los síntomas, tanto en su presencia o ausencia, como en la intensidad y gravedad de los mismos. Así bien, para un diagnóstico correcto es imprescindible una visión generalizada que considere esta diversidad y que abarque todos los síntomas del paciente asociados con la patología.



¿Qué es el ciberbullying?

por Encarna Cerezo Martin

A muchos le es ya familiar el término bullying o acoso escolar pero, ¿y ciberbullying?, ¿qué es?, ¿qué características tiene?; ¿existen diferencias entre cyberbullying y bullying?.

Ciberbullying, ciberacoso o acoso cibernético es aquel hostigamiento y acoso ejercido, principalmente entre menores y compañeros de aula, a través de Internet y/o teléfono móvil.
Muchos avances han habido desde que en 1970 Olweus comenzara a estudiar el maltrato entre iguales en el ámbito escolar. Se ha ampliado el conocimiento sobre el bullying a la vez que Internet, móviles, chats, mensajería instantánea y redes sociales iban siendo cada vez más parte de nuestras vidas, dando forma a una nueva modalidad de acoso.

Algunos autores consideran el cyberbullying como la continuación del bullying en la era de las nuevas tecnologías de la información. En cambio, hay otros muchos que hacen hincapié en que cada vez en más casos, el acoso cibernético es el que precede al acoso “cara a cara”, mientras que en una minoría, el acoso nunca traspasa la Red. En lo que sí coinciden todos los autores es en que acosadores y acosados suelen conocerse, normalmente por ser compañeros en el mismo centro educativo o por amigos comunes.

Las formas que el ciberacoso adopta son muy variadas, limitada solamente por la pericia informática y “originalidad” del acosador/a o acosadores. Algunos ejemplos son:

  • Colgar en una red social, una imagen comprometida de la víctima (sea esta real o fotomontaje). Por ejemplo, una foto de la víctima en actitud sexy, con barriga de embarazo, con disfraz de payaso o en ropa interior.
  • Usurpar la clave del correo electrónico para cambiarla y que la víctima no pueda usar su correo o incluso envío de mails ofensivos a sus contactos haciéndose pasar por la víctima.
  • Llamadas ocultas y/o mensajes ofensivos o amenazantes a todas horas del día o de la noche, perseguir o acechar a la víctima en los lugares de Internet que habitualmente visita provocándole una sensación de agobio.
  • Dar de alta con foto incluida, a la víctima en una web donde se trata de votar a la persona “más fea”, “más tonta”, “más promiscua”…y cargarle de puntos o votos para que aparezca en los primeros puestos.

¿En qué se diferencian bullying y cyberbullying?.

A pesar de qué ambos fenómenos tienen algunas semejanzas, son las características derivadas de la principal diferencia (acoso “cara a cara” o “virtual”) las que mejor exponen la diferenciación entre ambos acosos y también en la magnitud de las consecuencias psicológicas para las víctimas.

Ciberacoso y acoso escolar se asemejan en la premeditación e intencionalidad de los acosadores, en el carácter repetitivo del acoso sobre la víctima y sobre todo, en la relación asimétrica de control y poder-sumisión entre acosadores y acosados, que es la base fundamental del acoso.

Sin embargo, hay 5 particularidades del cyberbullying que lo diferencia del acoso presencial. A diferencia del bullying para la víctima de ciberacoso el fin de las clases no es el fin de su acoso, ya que continuamente recibe SMS, llamadas telefónicas, correos, mensajes privados o comentarios a través de las redes sociales que hacen que ni la calle ni su hogar sean lugares libres de acoso. Es lo que algunos autores denominan (1) “violencia invasiva” y sin duda lo que más presión psicológica ejerce sobre el acosado/a. Además, el ciberacoso puede alcanzar una (2) gran audiencia, por ejemplo en las redes sociales, mientras el acoso escolar llega a grupos más reducidos. Esta amplitud de la audiencia se debe a la (3) rapidez y comodidad con la que cualquier persona, a cualquier hora y lugar (4) (amplitud física) puede con un simple gesto acosar al otro, haciendo que al no ser un enfrentamiento “cara a cara” el acosador pueda (5) sentirse menos culpable o incluso no ser del todo consciente de las consecuencias.