Por Eva Pastor González
La depresión, junto con la ansiedad, es una de las alteraciones psicológicas más frecuentes y predominantes en nuestra sociedad actual. Muchos las denominan ya las enfermedades mentales del siglo XXI. No obstante su protagonismo actual, lo cierto es que han existido desde mucho antes – existen descripciones de cuadros depresivos desde la antigüedad e Hipócrates en el siglo IV A.C. ya marcó la primera referencia. Todo ello nos indica el grado de importancia que tienen tales patologías, en especial la depresión. La OMS ha calculado que para el año 2020 la depresión ocupará el 2º lugar dentro del ranking de enfermedades discapacitantes. Actualmente es ya la 2ª causa de incapacidad a nivel mundial entre la población de 15 a 44 años, en ambos sexos. Además, en cuanto a género se refiere, la proporción es de 2 mujeres por cada hombre deprimido.
Debido a que en muchas ocasiones la depresión puede aparecer de manera latente, sin presentar unos síntomas típicamente reconocibles, se hace difícil para muchos reconocerla y prevenirla adecuadamente. A la vez, se ha extendido mucho la expresión “estoy deprimido”, pudiendo generar más confusión sobre qué es la depresión y qué es una tristeza pasajera corriente. Por tal motivo, vamos a trazar una breve y detallada exposición acerca de sus principales síntomas. Ello nos ayudará a distinguirla del mero y frecuente sentimiento de tristeza y qué factores influyen en su presencia.
En primer lugar, hay que destacar que el estado de ánimo del ser humano no es un diagrama plano, al contrario, generalmente todos mantenemos un tono vital cambiante a lo largo del día, con subidas y bajadas. Sin embargo, cuando estas bajadas son excesivas y duran en demasía, entramos a denominarlas depresión. Se han realizado diversas clasificaciones sobre las patologías del estado de ánimo.
Ahora bien, vamos a focalizarnos en primer lugar en el llamado Episodio Depresivo, el más frecuente y predominante. Veamos cuáles son los síntomas específicos del mismo.
- En primer lugar, la señal más importante es la de tristeza profunda y persistente cada día. Sentirse triste, desesperanzado, vacío, llorar cada día, la mayor parte del día. El sentimiento de tristeza también puede aparecer como irritabilidad, especialmente en niños.
- En segundo lugar, la pérdida de interés o placer por actividades y personas. En relación a esto, se da una disminución del número de actividades que la persona realizaba previamente, acompañado de un desinterés general.
Aparte de estos 2 síntomas principales descritos, considerados imprescindibles para diagnosticar una depresión, existen además otros de tipo motor, físico o cognitivo:
- Enlentecimiento en el gesto, habla, pensamiento.
- Disminución de la capacidad de atención, memoria, concentración, así como indecisión.
- Pensamientos negativos sobre uno mismo, el futuro, o en los demás.
- Sentimientos de inutilidad o culpabilidad inadecuados y excesivos.
- Fatiga y pérdida de energía casi cada día.
- Pérdida o aumento del apetito y/o del peso
- Disminución del deseo sexual.
- Falta de autocuidado, aseo personal, higiene.
- Molestias corporales (dolor, náuseas, vómitos…).
- Dificultades para conciliar el sueño, despertares durante la noche o hipersomnia durante el día.
- Pensamientos o ideas de muerte o de suicidio, o haber intentado suicidarse o tener un plan.
- Disminución de las relaciones sociales interpersonales.
Para determinar la presencia de un Episodio depresivo, han de presentarse 5 de estos síntomas, como mínimo, siendo los dos primeros necesarios, durante al menos 2 semanas continuadamente y a diario.
Naturalmente, todos estos síntomas provocan un malestar, deterioro e interferencia fuertes en la vida diaria, laboral y social y no están causados ni por una enfermedad física ni por tomar medicamentos o drogas, ni por la presencia de un duelo. Es suficiente haber sufrido un episodio depresivo solamente para poder diagnosticar un Trastorno Depresivo mayor.
Respecto a los factores que intervienen en que suframos un episodio depresivo son muchos, desde genéticos, sociales, biológicos, el haber padecido previamente de episodios depresivos o tener familiares directos con historial de depresión.
El “sentirse triste”, a pesar de ser muy habitual, no es síntoma suficiente para diagnosticar una depresión. Las diferencias entre ambos serían las siguientes:
La depresión, al igual que el resto de patologías mentales, no puede medirse con pruebas médicas, análisis o pruebas de laboratorio. Es por ello que es complicado identificarla, especialmente cuando se presenta de manera indirecta o por ejemplo, a través de otras alteraciones físicas. No obstante, es una patología tratable a la par que prevenible; principalmente si sabemos sus características.
En los siguientes artículos veremos, en cuanto a la depresión, cómo llevar unos hábitos adecuados encarados a prevenirla, la relación mujeres-depresión, ya que presentamos un riesgo mayor y, por otro lado, seguiremos viendo el resto de patologías del estado de ánimo que también afectan a un porcentaje de la población.


