Por Eva Pastor González
En los últimos años ha emergido toda una variedad de teorías defensoras de la relación causal entre la presencia de estrés y sufrimiento en la vida de una persona y la aparición o mantenimiento del dolor crónico. Partiendo de esta posible relación, en el presente artículo vamos a exponer dichas teorías, incidiendo en particular en las posibles causas de tipo fisiológicas o vitales que influyen en la aparición del dolor cronificado.
Hasta ahora en los artículos previos sobre el dolor hemos mencionado, a modo de pinceladas, las posibles variables que podían incidir sobre él, como la ansiedad o el bajo estado de ánimo. No obstante, ¿son realmente dichas causas las más frecuentes?, ¿son los verdaderos agentes de una dolencia física o existe algo más? Vamos a intentar ir más allá de ello, situándonos en el posible punto de partida, previo a la aparición de tal ansiedad o bajo estado de ánimo.
Debido a que en la mayoría de casos el dolor no se inicia en un punto exacto y delimitado en la vida o historia vital de una persona, al contrario, es algo progresivo o enmascarado por una depresión, por ejemplo, se hace especialmente difícil determinar la causa específica. Asimismo, cabe mencionar que cada persona, presenta una historia distinta, con lo que no podemos generalizar siempre una misma causa. Se han mencionado factores de tipo biológicos, biográficos, genéticos o psicológicos. Por ejemplo, se habla de la predominancia en mujeres de dolor crónico debido, entre otras razones, a componentes hormonales mediados por la testosterona y su efecto analgésico. A su vez, también se mencionan alteraciones atribuidas a causas neuro-endocrinas relacionadas con las hormonas del estrés.
Todos hemos oído hablar del estrés como mecanismo de adaptación. También se ha mencionado que en la enfermedad psicosomática median tres componentes: el conductual, cognitivo y experiencial, los cuales también están presentes en la respuesta a agentes estresantes. En los recientes años han ganado fuerza las teorías que postulan cómo el estrés mantenido en el tiempo puede desencadenar cuadros de dolor generalizado. Pero, ¿cómo funciona el primero y qué relación puede presentar con el dolor que estamos viendo?
Veamos un poco de fisiología para entender el proceso. En los fenómenos de estrés y fatiga intervienen diversas estructuras y sistemas interrelacionados, entre los que sobresalen: el Sistema Nervioso y el Sistema Endocrino. Ante un hecho estresante o vital importante (muerte de un ser querido, separación, importante pérdida económica, o bien contratiempos diarios), se activa un estado de alerta, una activación dirigida a preparar al organismo para responder ante ese estímulo estresante. En todo ello está interviniendo el Sistema Nervioso Autónomo Simpático, que nos prepara para esa acción, nos activa. Junto con éste, se activan también unas glándulas, las llamadas glándulas medulo-suprarrenales, que segregan hormonas. Éstas hormonas segregadas van a estimular a la hipófisis - glándula que inhibe o estimula el S.N y endocrino- y que hará que segregue también dos sustancias importantes: el cortisol y la cortisona. En estos momentos, ante tal activación interior, nuestro organismo percibiría reacciones, tales como opresión en el pecho, aumento de la tensión arterial, taquicardia o sudoración, entre otras. Todos estos cambios fisiológicos internos que se producen en el organismo ante un estrés son debidos a esa activación del S.N.A Simpático y a la consecuente segregación del cortisol, llamado también hormona del estrés.
¿Qué sucede a continuación?, ¿qué posee esta sustancia llamada cortisol? ¿qué efecto produce en nuestro organismo? Muchos investigadores han observado que la presencia de esta sustancia, el cortisol, de forma continuada, frecuente y persistente puede llegar a lesionar un eje o haz espinal encargado de inhibir el dolor de forma normal en el organismo. La presencia de cortisol bajo situaciones de elevado estrés produce una serie de alteraciones; entre ellas, la lesión de ese eje. Debido a que el cortisol puede llegar a inhibir ese nervio o eje, al estar éste lesionado, cualquier estímulo que percibamos llegará como algo doloroso, por eso se dice que el dolor llega a generalizarse. A su vez, destacar que muchos autores han observado que la alteración de ese eje que inhibe las percepciones dolorosas puede tener otras causas de tipo biológicas de otro tipo; no obstante, la presencia de cortisol parece ser predominante.
Sabido es el efecto que genera un estrés continuado, un efecto de agotamiento y de sobredemanda que acaba perjudicando al organismo a nivel físico, debido a la debilidad del mismo, y produciendo un sinfín de síntomas. Por ese motivo se les llama en ocasiones síntomas médicamente inexplicables, porque no puede explicarse por medio de pruebas médicas. Todo ello, hace que persona que lo padece se sienta más desbordada y confusa, desencadenando más síntomas de ansiedad y bajo estado de ánimo y, por tanto, un estado más estresante.
Visto esto, podemos preguntarnos por qué ante un mismo hecho estresante o vital, ante una primera fase de activación o de shock producido por ese agente amenazante, existen personas que no desarrollan un cuadro doloroso. La respuesta engloba muchas variables, de todo tipo, ya que no estamos hechos de una sola materia física o biológica.
Y esta respuesta, estimados lectores, acerca de las variables que afectan de una forma distinta a cada organismo ante el estrés diario o puntual, la abordaremos en la próxima entrega de este artículo.


